Centenario de Miguel Ojeda

Mi padre hubiera cumplido 100 años este tan cercano 29 de septiembre.
Lo recuerdo y me permito compartir con ustedes.
Gracias.

Miguelito Ojeda.

UN LAÚD TE CANTA NANAS.

Un laúd te canta nanas
en tu cuna de Matanzas
mientras papá se sorprende
y mamá lo adivinaba.

Niño, joven, novias claras,
cuentos de miedo y fantasmas,
Himno que te brota solo
de tus manos azoradas
ante el laúd campesino
y el café de madrugada.

Cárdenas te sonríe
cuando tu viaje a La Habana
te encuentra con Clavelito,
Ramón, Saborit, Coralia.

¡Otro laúd que te siembra
hijos, cantos y guitarras!

¡Cuba en tu alma plena,
Cuba en esa mirada
si La Bandera cual Palma
se te vuelve mil campanas!

29, septiembre, Cárdenas,
enero 10 en La Habana
y otro laúd que te canta
al sembrarte en la alborada.

Ojeda, te llama un niño.
¡tu laúd, en su mirada!

Miguelito Ojeda.


Carta a mi padre
Por Miguelito Ojeda

2020

Aparte de la aberración sonora que entraba por una de mis ventanas, entró tu Recuerdo una vez más en mi vida. Tal vez, porque este 29 de septiembre del año en curso, 2020, será la fecha mágica en que hubieras cumplido 99 años de vida, guateques y sueños; o porque el pasado 10 de enero un diario «imprescindible» recordó citar la fecha de tu viaje final hace 10 años, o porque el blog Del Canto Y El Tiempo te recordara, o porque siempre es EL DÍA DE LOS PADRES. De todas formas, Viejo, tu recuerdo me abrazó con sonido de laúdes.

Entonces, más acá y allá de agresiones radiales y televisivas (que ya te disgustaban hace varias décadas), también entraron caballo, taza de café, cuento de fantasma, tonada campesina, natilla casera (es la mejor) y Joseíto Fernández, tu «descubridor» y «padrino musical» que te reafirmó la existencia de la ciudad cosmopolita en la que podrías tener surco, reto y horizonte para las voces interiores que siempre te hablaban de arcoiris y folklor.

La propuesta de Joseíto a «volar» incluía, amablemente, ubicar a tus espaldas a María y a Víctor, los viejos «sabios» que te inyectaron en vena el respeto a Cuba (y que, enseguida) se te unieron, y cultivar en la ciudad prometida la tan misteriosa educación familiar, la veneración a Martí, la dignidad tremenda de ser trabajador, el templo que debe ser un hogar y sin olvidar que, adelantado en ideas sociales, papá Víctor te sembró más en el lado «izquierdo de un corazón proletario».

Decidiste, desde entonces, que aquel primer laúd, fruto del cariño entrañable de tu padre, también tus «riquezas enormes de pobre» entrarían en las maletas de viaje, junto a imágenes de alguna novia quinceañera, los recuerdos del Conjunto de Miguel Ojeda y los del Melódicos del 41, tonadas diversas de zonas de tu patria, sin olvidar a ciertos dones que siendo tu un niño con «todas las de la ley» había asombrado oídos y corazones al aprender a reproducir las notas del Himno Nacional, tu himno (te permitían colorear fantasías y te acompañaría siempre).

Cárdenas, Matanzas, grupo musical pionero y leyendas, historia patria y más natilla casera y la carretilla de papá Víctor y la abnegada estirpe casera de mamá María lavando la loza, tal vez, con cenizas de carbón ya usado en el humilde acto de cocinar y, en resumen, a tu lado, en aquella casita «de barrio», en que estuvieron, estuvimos, juntos bajo las estrellas de Alturas de Luyanó, rodeados de muy, muy educados cubanos de bien, decentes, que a veces, les extraño tan raigal «civilidad» formaron también tu carga. Siempre es inimaginable todo lo hermoso que puede entrar en la maleta de «un guajiro».

Después, pipo, increíblemente, te recuerdo al lado de Eduardo Saborit, junto a Ramón Veloz y su familia, en los elencos o listados de discos de «la época», en la radio y la televisio’n de entonces, recuerdo tus composiciones musicales y te veo en cabarets casi legendarios, dirigiendo el grupo campesino Palmas y Cañas, guiando a mi hermano Ojedita en sus comienzos artísticos; te adivino escandalizándote conmigo cuando pretendí «abrir mi boca para cantar» junto a mi hermano; también te evoco en Jurados y Tribunales, en Comisiones de trabajo profesional y que siempre te dolías de que tu disco con instrumentales, obras firmadas por Autores Monumentos de Cuba y Latinoamérica y que se había llevado al exterior un muy renombrado dueño de un también renombrado sello disquero, había visto Luz en otras tierras menos en la que te alimentaba desde niño. Te recuerdo, te recuerdo dirigiendo 100 guitarras en histórico congreso de arquitectos, en el escenario de La Plaza de la Catedral de La Habana.

Ahora, una vecina le vocifera a otra las mil y una noches de vulgaridades y, es cierto, tengo que recordar que no siempre nos rodea el «nivel» de aquel Alturas de Luyanó de mi adolescencia.

Después de aquellos amores con Gisela, La Vida te premió con el amor reverdecido de Lucyla y nuevos retoños para tu siembra de pinos nuevos. ¡No sé, pipo, descifrar los códigos del alma puesta a recordar!

También campeantes ante mí, tus medallas, diplomas, sellos, y toda esa serie de objetos estimulantes que ibas acumulando orgullosamente, mientras me confesabas ,inequívocamente, que tu eras más fidelista que Fidel y que tu mayor orgullo era La Revolución siempre renovada de una Cuba Eterna, independiente, soberana , libre y con raíces históricas que «no las brinca un chivo» para recordar también refranes populares que usabas y hablaban de verdades que no caben en enciclopedias.

Te digo hoy, Viejo, que, sin ser estruendosamente excelente, «lo campesino» vive en un siglo XXI cubano en el que el crisol de intérpretes, compositores, tradiciones, comunidades rurales, programas de la radio y la televisión, escuelas, maestros, niños y niñas adorablemente repentistas, libros, grupos teatrales y todo un paisaje cultural infinito están contribuyendo a que te sientas complacido. Ah, y ,entre esos seres especiales, Amor, Especialista del Centro Iberoamericano de la Décima, proyecta un libro sobre ti al cual pretendo aportar.

Tendré que contarle que, cuando ya estabas limitado para ejecutar tus laúdes, donaste al Museo Nacional de la Música Cubana y al Museo de Cárdenas, dos de tus últimos instrumentos, mientras una lágrima te traicionó estando yo presente. Alguien nos dijo después que, en la imaginería popular, se dice que, en las madrugadas, cantan.

Ahora, pipo, no alargaré más mi carta porque siempre quedará mucho en el tintero y… me tiene intrigado un tomeguín que se ha posado en mi ventana, ha hecho callar a los que no se te pueden asemejar y, fantásticamente, me mira y me dice cosas bellas.

Los guajiros sabemos de prodigios.

Miguelito Ojeda.

Miguel Ojeda Díaz
Laudista, director y compositor

Nació el 29 de septiembre de 1921 en Cárdenas , Matanzas.
Falleció el 10 de enero del 2010 en La Habana.
En 1938 organizó el conjunto de Miguel Ojeda; posteriormente formó «El Melódico del 41», con el que alternaba con las orquestas de La Habana que hacían giras por Cárdenas, y otras ciudades de Matanzas. Así se dio’ a conocer en los medios musicales de la capital, hasta que en 1941 se presentó en «La Corte Suprema del Arte», programa de aficionados que se trasmitía por radio CMQ; lo que le facilitó un contrato con dicha emisora para actuar en distintos programas, entre ellos «Rincón Criollo».
Por esa época, conoció al guitarrista y compositor Eduardo Saborit, con el cual fundó un trío, que acompañó en los inicios de su carrera artística a Ramón Veloz, y también a la soprano Zoila Gálvez y a los cantantes decimistas «La Calandria» y Justo Vega. Tocó en el programa «El Guateque de Apolonio». Acompañó en otros programas de CMQ a Clavelito .

En grabaciones a Chanito Isidrón , Celina González , Ramón Veloz, Eduardo Saborit , Ojedita y otros. En la década del 50 trabajó en programas junto a Celina y Reutilio, Coralia Fernández y Adolfo Alfonso.

Grabó LP como Guitarras Antillanas. Hacia la década del 60, comenzaron sus intervenciones en el programa televisivo «Palmas y Cañas»; y en los cabarets Tropicana, Capri y en el Parisién (Hotel Nacional de Cuba). Dirigió, en esta misma década, el conjunto integrado por cinco guitarristas, que se presentó en la Plaza de la Catedral de La Habana.

Guitarras Antillanas.
Miguel Ojeda y sus Guitarras
LP Gema # -1139
Enviado hace décadas a La Radio Cubana. Inédito desde entonces. La Egrem lo guarda en su archivo pasivo.

A1-Noche de farra – Armando Dewolff
A2-Nunca – Guty Cárdenas
A3-Marta – Moisés Simons
A4-Quiéreme mucho – Gonzalo Roig
A5-Aquellos ojos verdes – Nilo Menéndez
A6-Mama Inés – Eliseo Grenet
B1-Lamento borincano -Rafael Hernández
B2-Las calles de San Juan -Rafael Hernández
B3-Ojos brujos – Gonzalo Roig
B4-Olvido – Miguel Matamoros
B5-El amor de mi bohío – Julio Brito
B6-Son de la loma – Miguel Matamoros

osemi

José Miguel R. Ortiz. Cifuentes, Villa Clara,1985. Creador y editor de este blog desde 2006 hasta hoy. WhatsApp +53 58298396 / Correo: z@halmas.org "Hay un momento para dejar de buscar miel y convertirse en abeja"

También te podría gustar...

2 Respuestas

  1. Elsa Najera Quintana dice:

    «lo campesino» vive en un siglo XXI , y yo veo Palmas y Cañas y quisiera que allí sea recordando también.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.