Sigamos luchando por la vida y haciendo almas. Algunas reflexiones personales sobre la COVID 19

Es 18 de agosto de 2021, y esta guerra silenciosa que vivimos todos hace más de año y medio, nos sigue arrebatando vidas, alegrías, abrazos y felicidad. El tiempo transcurrido nos lleva a querer retornar a la normalidad lo más rápido posible, a encontrar nuestra propia normalidad – entiéndase estabilidad, paz, equlibrio y rutinas- dentro de este caos en el que todas y todos seguimos inmersos, y así también me sucede a mí. Quiero verme con mis amigos, quiero ir la playa, quiero volver a respirar sin nasobuco, quiero que mis hijos patinen y corran con sus amigos en grupo, en manada feliz, y entre deseo y deseo, lucho con todas mis fuerzas por acumular la mayor cantidad de momentos felices, pero no puedo olvidar ni un segundo las duras circunstancias que vive la humanidad, las Américas, mi país y mi propia familia.

El dolor en nuestros corazones crece con cada alma que nos deja. Con cada vida que la pandemia nos arranca se va también un pedazo de nosotros. Mis amigos y yo, conversando, hemos coincidido en que muchos pensamos -ingenuos y esperanzados- que esa dura década de período especial iba a ser lo peor que nos iba a tocar, y ya nos parecía demasiado. Haber crecido en medio de una crisis económica aguda, bañándonos a veces sin jabón, lavándonos la boca con sal en lugar de pasta de diente, sin juguetes, sin golosinas, sin transporte, sin corriente, sin zapatos, con poca comida, pensamos que esa había sido ya la guerra de nuestras vidas, el mal recuerdo de la infancia que nos había tocado vivir, por desgracia, en esta isla caribeña totalmente bloqueada por el gobierno de los Estados Unidos, pero no.

El bloqueo del gobierno de los Estados Unidos jamás terminó. El período especial mejoró ligeramente mientras nosotros nos hicimos jóvenes, nos graduamos, nos pusimos a trabajar, hicimos pareja y, en medio de todo eso, nos pareció por un momento que la crisis quedaba atrás y venían tiempos mejores para los hijos que venían en camino. Pero el bloqueo no solo no terminó, sino que empeoró. También empeoró algo que llamamos bloqueo interno, que son básicamente las trabas que nos ponemos a nosotros mismos, unos cubanos a otros, con independencia de la distancia a la que estemos. Te lo puede poner tu vecino o un cubano en otro país que pide una invasión para Cuba mientras está comiendo chocolate en Europa. Te lo pone cualquier funcionario en cualquier dependencia cada día trabajando mal y tomando malas decisiones. El bloqueo interno es algo de lo que todos hemos sido cómplices alguna vez, por contribuir con él o no denunciarlo con la energía que merece, pero algunos sí que se especializan en la materia y lo convierten en su deporte cotidiano, y esos son los que más daño hacen.

Y acá estamos, en agosto de 2021, bloqueados externa e internamente, viendo morir cada día a decenas de cubanos, en medio de una crisis que ahora también es mundial y ha agudizado también la crisis nacional, y acá están nuestros hijos que quizás han tenido más juguetes que nosotros, pero se están perdiendo años de aprendizaje, años de juego con sus semejantes en la escuela y en el parque, se están perdiendo las playas, los parques, jugar a los escondidos o al cogido, se están perdiendo respirar a plenitud y ver completamente sus rostros y los de sus semajantes. No lo vimos venir, no lo pudimos evitar, no lo hemos podido superar aún y parece que aún hay mucho tramo por recorrer.

Pero si ha sido duro para todos, ha sido duro especialmente para los médicos, especialistas, enfermeros, personal técnico de la salud, personal de apoyo, ha sido duro para el personal de transporte que ha trabajado sin cesar, ha sido duro para esas mujeres en su mayoría entradas en años que limpian los policlínico y hospitales y tienen las manos quemadas por el cloro. Si ha sido duro para todos ha sido más duro para los dirigentes a todos los niveles, para los que tienen responsabilidades directas en la producción y los servicios básicos, responsabilidades directas con el pueblo en cada uno de los diferentes niveles. Ha sido duro para Durán cada día, y para todos los que trabajan para hacer miles de PCR diariamente, analizarlos, detectar los casos, ingresarlos, y llevar las estadísticas que deben darle a Durán cada día.

Mi prima Beatriz Rodríguez en primera línea contra la COVID - Villa Clara - foto 1
Mi prima Beatriz Rodríguez en primera línea contra la COVID – Villa Clara – foto 1
Mi prima Beatriz Rodríguez en primera línea contra la COVID - Villa Clara - foto 2
Mi prima Beatriz Rodríguez en primera línea contra la COVID – Villa Clara – foto 2

A estas alturas, cubanas y cubanos, todos estamos agotados, desgastados, tristes, frustrados, preocupados, todos hemos sufrido ya la pérdida de un ser querido y sabemos que nuestra propia muerte puede estar a la distancia de otro abrazo, de un descuido, de un respiro no más. Pero ¿vamos a rendirnos ahora? ¿vamos a abandonar la esperanza? ¿estamos haciendo todo lo que podemos para salir de esto? ¿están siendo todas las medidas realmente efectivas? ¿es necesario realmente tener tantos sectores y áreas del país paralizados o semiparalizados debido a la COVID? ¿cuántas cubanos y cubanos están cobrando un salario actualmente sin trabajar y aportar nada a la sociedad y qué podrían hacer para ayudar? ¿estamos cuidándonos unos a otros más allá de usar el nasobuco? ¿estamos cuidando a esos que nos vienen cuidando por año y medio cada día sin parar? ¿estamos dándole el estímulo o al menos el descanso que merecen esos que llevan más de un año bajo caretas, guantes, trajes y sudan 24 horas seguidas por salvar una vida? ¿Estamos siendo realmente efectivos en la distribución y comercialización de alimentos? ¿Hemos dedicado los esfuerzos suficientes a estudiar cómo podemos disminuir esas colas, qué hay que cambiar en este país para evitar que una persona esté haciendo 8 horas de cola y al final no pueda obtener lo que fue a comprar y se haya contagiado de COVID allí pardo quizás? Creo que si hemos inventado vacunas, si hemos descubierto curas para el cáncer, si gozamos de un talento sin igual en la cultura, el deporte y la ciencia a nivel regional y mundial, podemos ser capaces de eliminar las colas de esta sociedad, no solo para comprar aseo y comida, para todo.

Soy consciente de nuestras virtudes y defectos como país. Soy, de hecho, bastante crítico con todo lo que debe ser cambiado y creo fervientemente que los cambios son «para ayer» como decimos, y no para mañana. Pero esos hombres y mujeres que tienen la misión de dirigir este país, de coordinar los esfuerzos de todos, esos hombres y mujeres que el pueblo eligió y quienes a su vez eligieron servirnos como funcionarios públicos, de gobierno, tienen sobre sí la mayor responsabilidad y el mayor desafío, para luchar contra este cansancio acumulado y poder seguir batallando contra la COVID, contra todos los bloqueos, y poder seguir luchando por nuestra gente, por nuestro pueblo, por nuestro personal de salud y por la salud física y mental de ese personal de salud y de todos los que acumulan un desgaste laboral y psicológico producto de esta pandemia.

Hay que estimular a ese personal, hay que ayudarlos a ayudar. Hay que cambiar todo lo que debe ser cambiado. Cuba es una aldea, Cuba es una familia, si actuamos con cercanía, con amor, con solidaridad, con sentido común, y apartamos cada vez más la burocracia y la rigidez, podremos salir adelante más rápido y en mejores condiciones.

Hay que encontrar el balance entre la lucha por la COVID y la lucha por reanimar el país y salir adelante. Los niños no podrán estar pegados unos a otros todos los días dentro de un aula cerrada , pero los niños tienen que salir al aire libre, socializar y hacer pequeñas labores útiles por su bienestar, porque sino estamos traumatizando y olvidando a la generación del mañana. Los trámites, los servicios, la producción, no puede parar. Es fácil cerrar los bufetes o cerrar las oficinas de trámites en todo el país para todos los trámites. Difícil es pensar cómo esas oficinas pueden trabajar a un mayor ritmo del normal cambiando sus propias rutinas internas de funcionamiento para favorecer no solo más ventilación o higiene, sino más agilidad y eficiencia en la atención a todos.

Pero nada de esto es posible, si en medio de esta guerra, en medio de este bloqueo, en medio de esta crisis pandémica, seguimos pensando y actuando como en tiempos normales la mayoría de nosotros, y seguimos esperando mágicamente que las vacunas funcionen y la COVID desaparezca. Esta actitud de espera nos aniquila más que nada.

Entonces, reconozcamos todos los problemas críticos que tenemos y la palabra del momento debe ser ADAPTACIÓN. Los que más oportunidades de sobrevivir a las crisis tienen son los que se adaptan a ellas. Hay que adaptarse a esta situación y adoptar todos los cambios necesarios para enfrentarla, así sean poco convencionales, así requieran nuestro mayor ingenio y flexibilidad, y también esa dosis necesaria de osadía, inventiva y valentía.

Es 18 de agosto de 2021, y estas son solo unas reflexiones personales. Quiero dar las gracias a todos los que han dado su mejor esfuerzo en este año y medio de lucha contra la COVID, especialmente al personal de la salud y a todos aquellos que han hecho de esta lucha su razón de ser cada día y su prioridad.

Ellas, ellos, ponen su alma cada día en el empeño sagrado de salvar otras, ellos van haciendo almas: Gracias.

osemi

José Miguel R. Ortiz. Cifuentes, Villa Clara,1985. Creador y editor de este blog desde 2006 hasta hoy. WhatsApp +53 58298396 / Correo: z@halmas.org "Hay un momento para dejar de buscar miel y convertirse en abeja"

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4 Respuestas

  1. Yirian García de la Torre dice:

    Gracias por cada una de esas personas que dan esperanza, gracias por el comentario.

  2. Carmen dice:

    Gracias por tus reflexiones. Gracias a todos los que están haciendo almas.

  3. Raidel R. Nold dice:

    Gracias por dedicar tiempo a reflexionar con los pies en la tierra, la situación cotidiana actual por la que transitamos los humanos, y en especial los que contribuyen a salvarnos la vida. Ojalá logremos ser actores fundamentales de la salva guarda de nuestra especie, y no del accionar egoísta, irresponsable e incoherente. Fuerza Humanos.

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