Los días del agua

Autora: Isabel Cristina López Hamze
Fotos: Isabel Cristina, Diego Alonso y Mirlenys Arrozarena

Hace casi un mes se rompió el motor de mi edificio. Tuvimos que cargar de agua los cuatro pisos. Tuvimos que fregar en un caldero y dejar los platos medio grasientos. Tuvimos que bañarnos de dos en dos con un solo cubo. Tuvimos que limpiar un día sí y un día no. Tuvimos que dar puño a la ropa. Este último mes ha sido difícil. Sin embargo, pasaron cosas lindas y sorprendentes durante la crisis del agua. Bajamos unas cuantas libras con la cargadera de cubos. Conocí a gente de la otra escalera que nunca había visto en 7 años. Los vecinos compartimos tanquetas y cosas ricas de comer. Jorgito buceó en la cisterna para rescatar una pieza del motor que se había caído. Oliver se volvió fanático al agua en cubo y al remandingo que se formaba todas las tardes a la hora de bajar.

Por poco me reconcilio con la vecina de los bajos que, después del último escándalo que me formó hace un año, no me había vuelto a hablar. Vila el Niño, Arroz y Arena, El Médico, Papá Marcos, El Mesías y Feliciano no descansaron hasta ver el agua entrando por tuberías. Entre todos hicimos una ponina para comprar un nuevo motor que llegó, hace dos días, como maná caído del cielo, gracias a la gestión de Feliciano. Diego y Arián pasaron los 28 días más divertidos desde el inicio de la pandemia hace casi un año. Los niños cargaron agua todos los días hasta el cuarto y el quinto piso para ayudar a los grandes, vivieron con gran emoción la aventura de bajar a la cisterna, mojarse con el chorro de la pilita, subir y bajar tres veces, ir una vez con linterna porque se les hizo de noche, secar un día la escalera porque formaron tremenda mojazón. En medio de las vicisitudes y la precariedad ellos fueron más felices, como éramos más felices algunos en la época de los apagones. Hoy en mi edificio se hizo un trabajo voluntario para conmemorar el reinicio de los días del agua. Los vecinos subieron a la azotea a limpiar los tanques y luego tiraron agua escaleras abajo para que el preciado líquido se llevara todo lo malo. Pusieron un disco de Mark Antony completo y a todo volumen para amenizar la gran limpieza. Los vecinos estaban felices, las mujeres se veían lindas con sus ropitas de andar y nuestra escalera quedó brillante.

Diego y Arián, tristes por el regreso del agua, fueron convencidos por mi mamá para ayudarla a hacer torrejas y repartir a los vecinos después del trabajo. En medio de la alegría inmensa de todos en el edificio, los niños repartieron, contra una lista, el premio dulce por apartamentos. Si no fuera por el hueco que hizo el motor nuevo en las economías familiares diría que fue una bendición la crisis del agua. Nuestro edificio quedó reluciente, con más armonía, más solidaridad, más empatía, más higiene y mayores esperanzas de que la nueva era del agua traerá salud, dinero, amor y grandeza.Los niños preguntan con insistencia cuándo volverá a romperse el motor.

Los días del agua
Fotos: Isabel Cristina, Diego Alonso y Mirlenys Arrozarena

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Editor del Blog

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Cifuentes, Villa Clara,1985. Creador y editor de este blog desde 2006 hasta hoy. WhatsApp +53 58298396 / Correo: z@halmas.org "Hay un momento para dejar de buscar miel y convertirse en abeja"

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