Habana, mis ojos nunca te abandonarán: Réquiem para Eusebio.

Habana, si mis ojos te abandonaran. si la vida me desterrara a un rincón de la tierra. / Yo te juro que voy a morirme de amor y de ganas/ de andar tus calles, tus barrios y tus lugares…


No hay mejor himno para acompañarte, ilustre hijo de Cuba, eterno soñador de palabras vehementes. Éramos unos niños de los ochenta cuando nos contagiaste de tu incondicional amor por la ciudad, con tu inolvidable espacio televisivo Andar la Habana. Para muchos la vieja Habana era un lugar cedido al tiempo, con el color del deterioro por doquier, pero tú, querido Eusebio, llenaste con azul, blanco y rojo nuestro borde del mar. Nos enseñaste a mirar atrás con tu misma pasión, a luchar contigo contra el olvido. Impregnaste nuestra vida con adoquines y portales desplegando tu magia blanca, al respaldado de tus huestes de guerreros de algoritmos y escuadras, de caballeros con armadura de la orden de los Constructores, de Arquitectos del nuevo mundo, de Antropólogos con adarga, de escribas, pintores y vitraleros; entre tantas manos y corazones, aunaste innumerables almas en la beligerancia del hacer. Desde Haciendo Almas, te honramos por no dejar caer jamás las columnas de nuestro patrimonio. Eres y serás por siempre, un hombre extraordinario, un hombre de pueblo con la capacidad de agrupar sobre pedestales imperecederos, el accionar con el verbo, con tu verbo de dotada elocuencia que permanecerá al vuelo de cada fragmento de tu existencia, esa que nos enamoró a todos andando las calles contigo, impulsando barrios y lugares de una Habana renacida desde tu fragua. Gracias maestro.


Yo creo más en las cosas que pasan que en las palabras que se dicen; creo más en el hacer que en el decir. Me preocupa mucho que todo el mundo sepa dónde estamos, que nadie tenga duda alguna acerca de hacia dónde vamos. Pero lo primordial para mí es que todo, absolutamente todo, se mueve y cambia, que la sociedad se transforma, como los hombres de que estamos urgidos, para bien y no para mal. Y esa fe profunda nos convoca, cuando la batalla más ardua ha de ser la apelación constante a los valores de la ética cubana.

Eusebio Leal

No es mi nombre, miserable pavesa
en el mundo, lo que quiero salvar:
sino mi patria. No haré lo que me
sirva, sino lo que la sirva.

José Martí

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