Playa Siboney

Por Jesús García Clavijo

BUEN DÍA, FELIZ MARTES

La playa SIBONEY fue muy popular antes de 1959, solo para blancos.

Tenía un ranchón subido en pilotes, en el centro de la playa con vista al mar, dónde había un comedor muy amplio y fresco.

Se comía muy buen pescado con las olas haciendo espumas sobre la orilla, trayendo el olor a mar hasta la mesa.

Mirando a su izquierda, estaba la piscina y una entrada de mar para lanchas pequeñas y pescadores que abastecían el mirador.

Al frente la playa, no muy buena, casi todas las playas del sur oriental de Cuba tienen muchas piedras, pero a más de treinta metros había una construcción dentro del mar que constituía la meta para los buenos nadadores y servía de trampolín hacia la parte más onda.

La piscina era mi preferida, mi mamá nos acompañaba a mi hermano y a mí en lo bajito, cuando ella pestañaba, nos íbamos a darle la vuelta por el borde para probar nuestras cualidades náuticas.

Después del triunfo, recuerdo todo lo demás menos el ranchón, en su lugar se hizo una cafetería, con taquillas y duchas. Fue en esa época que me di cuenta de un puente de medio arco y unas cabañas. Eso fue obra de la revolución, cuando niño no lo recuerdo.

Ya adolescente, en Siboney, eran frecuentes los ahogados, casi siempre ligados al ron.

El reparto de la playa, eran casas de descanso de ricos, típicas de la época, madera con jardín y puntal alto, todas con vista al mar. Aún se mantenían, aunque ya no veían el mar, pues se construyeron edificios de apartamentos para turistas y la carpeta de las cabañas y los apartamentos.

Siboney siguió siendo la playa más popular de Santiago hasta el huracán del 2012 que arrancó todo, hasta las piedras enormes, del fondo del mar y llenó toda la piscina de arena. La desapareció bajo escombros, dicen, no había vuelto hasta hoy, para creerme que puedo guardar el nasobuco y llevarlos en un paseo por mi playa infantil.

Playa Siboney 1 Playa Siboney 2

Ahora la playa es otra cosa. Es un horizonte donde uno se fija para no darse cuenta de los cambios del tiempo.

El tiempo que pasa lento a veces, hasta las once de las mañanas actuales.

Olvidé decirles que en la playa vendían anoncillos muy dulces en el verano y era grato refrescar con el viento de las tres, tomando agua de coco y comiendo anoncillos.

Es verdad, el cubano no puede estar lejos del mar.

Tampoco puede estar en la calle en estos tiempos.

En los tiempos del cólera ponían una bandera amarilla para señalar la epidemia en los barcos. Escribió el Gabo.

En Siboney una bandera roja cuando no se podía entrar al mar.

¿Cuál color indicará estos días?
Alguien dijo una bandera blanca.

Yo, como siempre, es el color que me gusta, tendré en la mano una bandera verde, cuando pueda volver a correr hasta Siboney con ustedes.

Verde, por la esperanza.

©

Cuando la ola viene impetuosa sobre la roca… ¿La acaricia o golpea?

Dulce María Loynaz

Jesus Garcia

Editor

Editor

Cifuentes, Villa Clara,1985. Coordinador de la Red Social Haciendo Almas

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