Cristalino

Cristalino

Era una mañana nublada y la montaña a la que todos llamaban Majestuosa no estaba alegre y altanera como de costumbre. Desde aquel día en que su amiga la paloma se marchó para vivir en el pinar, había quedado completamente sola, ella trataba de ocultarlo pero extrañaba sus blancas plumas que solían confundirse con las nubes cuando volaba por el horizonte. Aunque la rodeaban muchos animales y le encantaba escuchar el trinar de los pájaros y el sonido maravilloso que producían las hojas de los arboles, se sentía vacía por dentro y solo pensaba, como podía remediar aquella soledad.

Todos querían saber que le ocurría a Majestuosa pues no soportaban la tristeza que la agobiaba. El sinsonte que por allí pasaba la entretuvo por un momento con su hermosa melodía, pero un ruido llamo la atención de Majestuosa y quiso saber que sucedía. Escuchaba algo así como un hilo de agua.

-¿Quién está ahí?- pregunto muy asombrada.

Reinó el silencio. Convencida de que no era nadie se dispuso a echar una siesta. Al despertar ¿Que veían sus ojos?. No lo podía creer le había nacido un hijo; era un pequeño río al que nombró Cristalino, sus aguas eran tan puras como el aire que se respira en el campo.

A partir de ese momento la vida de la montaña Majestuosa empezó a cambiar, ahora tenía a quien cuidar. Cristalino crecía cada día más, hasta que llegó a convertirse en un río de caudalosas aguas con grandes saltos y chorreras; provocaba así la admiración de todos.

Un día, cuando todo parecía estar en calma, Majestuosa sintió un estruendo que le recordó los días grises de tormentas, sin embargo su amigo el sol resplandecía en el despejado cielo. Claro que no se trataba de una tormenta, era que llegaban unos hombres extraños con grandes hachas y sin pensar el daño que ocasionaban comenzaron a talar árboles y vertían los desechos en el río. Cristalino sufría por esta desdicha, lloraba sin cesar y muy desanimado dijo a su madre.

-¿Por qué me quieren destruir?-

Como si fuera poco, muy cerca de allí había una tubería que echaba dentro de sus aguas gran cantidad de desechos tóxicos. Majestuosa trato de consolar a Cristalino diciéndole que no siempre las cosas son como queremos, le dijo además que lo importante era eliminar la contaminación y que esto lo lograrían con ayuda de los animales del bosque.

En un par de días Cristalino se había convertido en un río rojo como el tomate, era un río de fuego. Su apariencia era cada vez peor, cosa que lo llenaba de tristeza. En una oportunidad se acercó allí un niño. Este se detuvo a observar a Cristalino. Caminó de un lado a otro y se sintió muy preocupado por lo que veía. Cristalino estaba asustado y con los ojos llenos de lágrimas le pidió que no le hiciera daño, no imaginaba que ese día sucedería el milagro que tanto esperaba. Aquel muchacho, a pesar de su corta edad tenía buenas intenciones, solo quería ayudarlo. Cristalino pregunto con un poco de miedo

-¿Qué haces aquí?-

-Vine a ayudarte- contestó el niño.

-¿Me ayudarás a descontaminarme?- preguntó Cristalino.

-Claro que lo haré- dijo amablemente el pequeño.

El niño habló detalladamente acerca del proyecto que tenían él y sus compañeros de aula para salvar la naturaleza. Cristalino al escuchar aquellas palabras sonrió a todos, no le quedaban dudas, los niños del proyecto ambientalista lo salvarían a él y al ecosistema.

Ha pasado el tiempo, y aunque todavía las aguas de Cristalino no han vuelto a ser las mismas de ante, es feliz rodeado de sonrientes caritas y laboriosas manos que no descansarán hasta salvar su futuro.

Editor

Editor

Cifuentes, Villa Clara,1985. Coordinador de la Red Social Haciendo Almas

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