Mercado de la Tierra, una experiencia para multiplicar

Mercado de la Tierra, una experiencia para multiplicar

Gracias a las casualidades de la vida y la amistad, ayer pude conocer una finca llamada Vista Hermosa, en Bacuranao. Allí se celebró ayer un evento sui géneris que se repite cada tres meses y que sus organizadores llaman Mercado de La Tierra. Me sorprendieron muchas cosas: la tipología del evento, el espíritu familiar que había entre los presentes, los buenos precios de las ofertas y hasta la existencia misma de algunas de ellas. También me llamó la atención la presencia allí del presidente Miguel Díaz Canel.

Según entendí, por las palabras de Madelaine Vázquez, presidenta del Movimiento de Alimentación Sostenible en Cuba, Mercado de la Tierra es un espacio que acerca al productor con el consumidor, y exhibe productos netamente cubanos, basados en recetas tradicionales y que hayan sido cultivados o producidos de manera amigable con el entorno.

Pero no se trata de una iniciativa aislada, sino provechosamente insertada dentro del movimiento agroecológico cubano y otros movimientos internacionales. Por eso habló allí también el italiano Andrea Amato, coordinador del Movimiento Slow Food Internacional para Latinoamérica y el Caribe, quien se mostró muy sensible y feliz con lo que ha visto en Cuba -en especial en estos espacios-,  los que reconoció en la persona de Misael Ponce, dueño de la Finca Vista Hermosa, “por la constancia” en la celebración de este tipo de encuentros.

Andrea contó un poco sobre Slow Food, un  proyecto que “como el proyecto de país que tienen hoy en Cuba” -expresó- también nació de un sueño y de la rebeldía, pero esta vez en los años ’80. Entonces un grupo de personas y organizaciones se enfrentaron a la propuesta de comida chatarra (fast food) de las transnacionales. Dijo Andrea que éstos querían estandarizar la agricultura, la transportación, la distribución, todo, eliminando así también los lazos familiares y amistosos, que nosotros “los latinos”, tejemos alrededor de la mesa y la comida. “Era un paradigma de comer rápido e irse cada uno a hacer lo suyo”, al contrario, Slow Food propone compartir, verse la cara, ser solidarios con las demás personas y el medio ambiente.

 

Otra muestra de lo bien estructurado del evento, así como su alcance, lo vi en sus protagonistas, quienes hicieron uso de la palabra posteriormente. Me refiero a los productores y representantes de organizaciones que participaron en este Mercado de la Tierra del 29 de seotiembre de 2019, de los cuales mencionaré los que pude anotar: El proyecto DBrujas (cuya tienda está de forma permanente en Línea entre E y F, Vedado) con su oferta de jabones artesanales hechos con aceite natural de coco y aroma de cacao; el Instituto de Investigaciones Agrícolas que presentó su variedad de encurtidos en la que destaca el huevo de codorniz, las habichuelas y el pepino; Omar, el productor de vinos y bebidas artesanales; los productores de pan artesanal, hechos con harina integral; el Proyecto Huertos Crees, de la Finca La Antonia de Boyeros, quienes trajeron romero, albahaca, cebollino y oreganillo; la Cooperativa Emiliano Montes de Oca, con su oferta de viandas y vegetales; la propia finca Vista Hermosa, que garantiza la feria en su totalidad con disímiles productos, pero que sin duda destaca por la calidad de su queso de cabra, y por último el Proyecto Purita, cooperativa no agropecuaria que comercializa especias 100% naturales y deshidratadas, con materia prima extraída de los campos cubanos, cuyo slogan es “El gusto es mío”.

Cubanos al fin -me refiero a la mayoría de los presentes- se formó mucha cola para el queso de cabra, así que me quedé con las ganas de probarlo, pero aproveché la oportunidad para comprar bastante sazón de Purita, y el aroma de éstos es inigualable con nada que hayamos probado en casa, así que se los recomiendo.

Pero una de las cosas que más llamó mi atención en esta feria agroecológica, es que lo más importante estaba acompañado también de los detalles, que son lo que necesita a veces lo importante para que no se diluya o se vuelva simplemente prescindible: La feria tuvo colorido, buenos sabores, alegría y buena música, espacios para los niños, asientos para los mayores, un sabroso ajiaco, frituras de yuca y ñame, pan con lechón (del verdadero), un Cooking Show (espectáculo de cocina), un guateque, la rifa del guanajo, el frío guarapo cubano sin agua y con zumo de limón, una competencia ecuestre, y hasta la posibilidad de que los más pequeños hicieran un ordeño de cabras.

Este tipo de eventos nos enriquecen espiritualmente, nos proveen, nos deleitan, a la par que nos ponen en contacto con la naturaleza y con aquellos que trabajan la tierra día a día, los que necesitan mucho reconocimiento social y la retribución debida por su aporte.

Creo que el presidente cubano no estuvo allí con su familia solamente por pasar un buen rato de domingo, como seguramente lo fue, sino para dar su apoyo a este tipo de iniciativas que vienen de abajo, y que son desde mi perspectiva un ejemplo de profesionalismo, cooperación y sostenibilidad.

Enseguida le cuento toda la experiencia a mi padre, que es campesino en desarrollo, ecologista y enamorado de la naturaleza, para que, según sus posibilidades, haga su propio Mercado de la Tierra allá en la Finca María Dolores, en el centro de Cuba, porque… ¿por qué no?

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Cifuentes, Villa Clara,1985. Coordinador de la Red Social Haciendo Almas

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