La poesía de Osmari Reyes García

La poesía de Osmari Reyes García

Todos somos culpables mientras no se demuestre que buscamos la inocencia

 

Han venido a prohibirme que cuente los últimos días,

que haga una marca en el muro para no morir aprisa,

deshaga la sentencia a cambio de convertirme en sombra.

Han venido a confirmar que no hay sobrevivientes,

que las lunas pasadas fueron espejismo

y en la otra orilla se escucha un nuevo cántico a pesar del terror nocturno.

 

Parece como si algo importara, como si los brazos siguieran abiertos

y perdonadores mientras callas.

Dicen que eres feliz saltando muros, que dejaste tu equipaje en la ventana

y la calle se rinde a la mentira.

 

Ahora entiendo, Roma no es mi casa,

transformas las palabras en palomas, no hay flores en todos los caminos.

Un sonido cuenta mil veces las historias pero todo se torna diminuto.

Sin bastón ni promesas que alimenten una falsa esperanza,

las noches no terminan ni comienzan.

Persiste desde siempre el saqueo de las cosas comunes.

También soy culpable porque conté la sombra como música.

Tus ojos fueron siglos clausurados.

Las máscaras no crecieron con la lluvia.

 

Palabra escrita desde la razón que aterra

 

Me acerco al llanto que sueña otro pacto de olvido,

al nudo en mi garganta que nunca ofende a mis desvelos,

a la palabra escrita desde la razón que aterra.

 

Me aproximo alguna forma resignada,

a alguna cicatriz que solo espera renacer o transitar libre de culpas,

a lo intangible,

a mis ancestros que me ignoran,

al soplo que no quita mis espantos.

Sereno, doloroso, con más angustias que palomas en vuelo

comparto lo que siempre pudo ser el infinito incontenible.

 

Escapo otra vez de los reclamos, de la mínima sentencia que enloquece,

de los días que golpean inclementes para verte regresar sin ademanes.

 

No habrá mancha que se atreva a alcanzar tus años.

 

Nos vemos una de estas tardes

allí donde germinan las semillas de lo eterno,

donde tu rostro es mediodía,

donde el adiós no existe.

 

Estatuas

Evito crear deidades cotidianas,

otras formas de agarrarse al aire

y encender la luz de los candiles que se multiplican,

mientras no concluye el mediodía.

 

Almaceno la lluvia que no cesa sobre la ciudad enferma de los atardeceres.

 

Guardo el dedo que pretende señalar a otros

mientras cantan sus soplos insignificantes desde el fondo de la cueva,

al pie de la cascada.

 

Hay un árbol que se funde con todos los caminos que se posan en mi casa.

 

Hay un río que fluye despacio

desde el sequedal que oscurece la transparencia que solo me bordea.

 

Me quedo otra vez con el susto de haber pasado por entre los que ríen o lloran,

caminan o corren,

mueren de una vez o poco a poco.

 

Admiro a las estatuas porque parece que piensan y no dicen nada.

 

Pasó el verano, el miedo que traía la canción colgada a su pared que disimula

 

Habito desde hace algunos intentos esta forma eterna de negar los años

que nos abandonaron en la curva más cerrada.

Allá en los primeros baches que me hicieron mirar y verte inmóvil e invisible.

Dijiste: el mar es infinito. La tristeza es como el mar en la distancia.

La distancia somos nosotros acudiendo a la misma cita, sin desnudarnos.

 

Esa fue la última vez que alguien dijo algo razonable.

Por fortuna pasó el verano, las fronteras,

el miedo que traía la canción colgada a su pared que disimula mientras sangra.

 

Desde aquel día he intentado correr hacia donde nacen los perdones,

deshacerme de la coraza que me descubre inadvertido a esta edad

en que nada deja ya de sorprenderme, ni la dosis de humo que llevan los nombres,

ni el silencio que guarda el grito más desesperado,

ni la puerta que se refugia del peligro y nos niega el paso,

ni el engaño de acostumbrarnos a agarrar la vida y poseerla.

 

Seguimos respirando, derrochando las palabras

para llamar a este mundo lo que no existe,

despertar todo lo que duerme en el segundo inaplazable

y dejar una marca en la ciudad a oscuras.

Necrópolis

 

Ruptura. Grietas. Cruces vacías.

Blancura que oscurece todo. Silencio que duele.

Paz que se confunde con partida cotidiana o más bien regreso.

Paz que miente.

 

Asciendo en inútiles espirales que conocen la miseria.

Pierdo el apetito por las cosas que se apagan a pesar de los juramentos.

Humedad que quema los destinos.

Pretérito. Mirada que ignora. Palabras. Desnudez.

 

Hoy comencé a olvidar.

Comencé por el blanco y la paz.

Por la quietud que desconoce el significado del reposo.

Por las lágrimas inconclusas.

 

Comencé a odiar a la carne que se pudre

y que el odio me perdone

porque odio es una palabra absoluta

y yo no lo soy (hoy exhumo, mañana me inhuman),

cómo quisiera no ser relativo y hablar de otra cosa

que no sea vacío y silencio y muerte

pero hoy vi otra vez su rostro y no vino de Alemania.

 

Recordé a mi amigo que no me conoció

(el más cuerdo de los ex-cuerdos).

El mejor de mis poetas.

El más valiente de los que cruzaron el peligro.

 

Todo se reduce a Nada y la verdad toca a la puerta.

Ahora agarro la vara que las hadas nos prestaron

y cabalgando en versos moribundos llego a casa.

 

Me perdí en una de las tantas vueltas que da el mundo,

(no me culpo) solo escapo de los días con el mapa de bolsillo

por si se prolonga la alegría saber cuánto cuesta lo innombrable.

 

Los caminos lloran por los pasos que se ausentan.

Hay una forma anclada a nuestra sombra para hilvanar al llanto,

una luz en el otro extremo que sopla sobre mi desamparo.

Inasible luz hasta el día postrero que barrerá lo inmundo.

No me avergüenza la cicatriz, ni la herida… escarbo en las promesas.

 

Días finales en la ciudad sitiada rodeados de doncellas

 

Unas aves describen círculos sobre nuestras cabezas (parecen de rapiña).

El fin se acerca y los poetas miran hacia la otra parte de la isla.

Hemos sido abandonados por nuestros semejantes (ahora es que lo notamos),

los otros ciegos que no quieren creer en los lugares donde el amor asombra,

donde lo absoluto se alarga en la ventana

y no se enciende una luz para mirar lo que fuera la última mentira.

 

Nuestro barro sigue siendo nuestro barro

a pesar de los adornos que sostienen la mirada repetida.

Basta para nosotros otro poco de la cierta incertidumbre,

de la virtual realidad que insiste con el frasco de veneno,

de la mentira que se replica como muchas verdades

para hacernos sentir seguros.

 

La rebelión será en el valle y nosotros en corceles de madera

ofreceremos el pecho para rescatar el arca.

 

Las doncellas seguirán definitivamente perdonadoras debajo del árbol

(aunque la ciudad esté sitiada)

mientras que los oscuros de alma solo vean ramas espinosas.

 

Las deudas que respiro

 

Solo barro en mis huellas, en cada cosa que toco,

en las sombras que sigo siendo.

 

Cada día cavo mi propia tumba y me refugio en ella a morir sin prisa,

mis manos delatan lo que hago pero pocos reparan en los rostros,

ahora la sangre se repite, la calle clausura sus intentos

y las voces que llaman a las puertas regresan vacías y profundas.

 

Yo Isla dentro de la isla. Soplo que se detiene sobre el cuerpo.

Consejo que carcome mi osamenta para mantenerme recóndito,

inalcanzable, ajeno,

y aparentar que soy luz de mi casa

al disimular que aún hay esperanza.

 

Lavo el barro en la mirada para resarcir las deudas que respiro.

Clausuro una estación y me destierro. Salgo de mí,

afloro del instante que dura la muerte,

la desnudez,

y me alejo de las horas que horadan la piel,

escribo versos.

 

Osmari Reyes García (Mayarí, 1972).  Es Licenciado Informática y Máster en Ciencias de la Educación. Se desempeña como profesor de Computación pero su verdadera vocación es la poesía, la cual constituye el eje central de su vida, teniendo como referente la lectura de poetas con diversos estilos. Es miembro del  Taller Literario Nicolás Guillén Batista de la CTC en la Casa de Cultura de Guaro, Holguín. En 2017 obtuvo mención en el concurso León de León, en 2018 alcanzó mención y premio, en 2019 mereció Premio. Resultó seleccionado para el Encuentro Debate de Talleres Literarios de la  Provincia  en Poesía y Narrativa.  Finalista en el Premio de Poesía Dulce María Loynaz  (EE.UU-2018). Figura en la antología poética: ¨De la flor, el mar y la ausencia¨, editorial Dunken, Argentina (2019). Textos suyos han aparecido en publicaciones periódicas de Chile, España, Argentina y Venezuela.

https://andrescasanova.cubava.cu/2019/07/13/osmari-reyes-garcia-poeta-de-lo-escatologico/

 

 

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Editor

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Cifuentes, Villa Clara,1985. Coordinador de la Red Social Haciendo Almas

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