PARA EL 14 DE FEBRERO

Por Jesús García Clavijo

Muchas personas hablan del amor. Pero el amor se resiste a definiciones.
Lo peor del amor son los adioses, las caídas, no los encuentros. Los encuentros son un signo de interrogación que lo define el tiempo. El tiempo del amor no lo definen los relojes, lo define la ternura. Por eso hay grandes amores de cinco minutos y otros de muchos años que no pasan del silencio en los almanaques.
El amor quizás lo puedan definir algún día las manos:

…de las manos que he adiestrado
sólo una sabe decir adiós
y me presta su ayuda si me alejo
de tus ojos tus pechos y tus labios.

Escribió Benedetti para que otras manos pudieran precisar los pechos y los labios que una vez se encontraron, se despidieron o se preguntaron sin respuestas todavía. Como Gabriela Mistral, abandonada por el padre pero no por el amor:

…Ninguna piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz en la alborada,
que esta mujer a la que levantaste,
porque oíste su canto, la mirada…

O el amor de Martí desde el destierro y los grilletes:

Oh, amor, oh inmenso, oh acabado artista!
En rueda o riel funde el herrero el hierro;
Una flor o mujer o águila o ángel
En oro o plata el joyador cincela;
Tú solo, sólo tú, sabes el modo
De reducir el Universo a un beso!

¿Cuántos habrán escrito al amor tan delicado como el maestro? Todos nos dejaron un pedazo de esperanza para los encuentros. Poetas como:

Nicolás Guillén, hermoso y fino en sus poemas de amor:

Todavía para mí
usted es algo así como un misterio
algo así como un lirio
(tesoro en el fondo del abismo)
todavía es como una ventana que no acaba de
abrirse
como una puerta entornada
como un suspiro del mismo centro del
verano…

Jesús Cos Causse, siempre me pareció caminaba con un poema en la mirada, nuestro último encuentro fue en centro de la ciudad, no puedo evitar recordarlo cada vez que paso por ese lugar, mi amigo y tocayo, nadie como él le habla a las estaciones, al amor y al tiempo:

…Encontré un tesoro entre tus piernas.
Labré tu vientre y descubrí la tierra.
Enterré a mis muertos en la paz de tus ojos.
Oré por la felicidad de los buenos y de los malos.
Nací para conocerte y tenerte y perderte y soñarte.

Así he buscado la justificación de irles dejando versos de amor para los suyos, cuando hice el mío que les regalo y sale por primera vez, apurado como en un parto, a respirar esperanzas de vivir.

CLAVE DE SOL
Jesús García Clavijo

Hay que reinventarse
como el reloj del segundo cuarto
donde el tiempo es importante
porque un amor espera la intimidad de las agujas.

Hay que reinventar el silencio
salvarnos del destierro
de los mutantes
de las madrugadas sin ladridos
de la Clave de Sol y las estrellas en la mañana
de una espalda lejos del mar.

Hay que reinventarse como sea
en estos tiempos de la vida.

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Editor

Editor

Cifuentes, Villa Clara,1985. Coordinador de la Red Social Haciendo Almas

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