Sol y luna, un cuento de Sarah

SOL Y LUNA

Como sabemos, cada noche –o casi cada noche- llega la luna con las estrellas y todos admiramos su belleza. Pero había alguien en particular que quería a la luna más que a nada en este mundo.

Se trataba de un gatico callejero, de pelaje color amarillo con rayas del mismo color, como rayitos solares. Todos los días iba a almorzar a una escuela primaria y los niños, al verlo tan lindo y brillante, le pusieron Sol.

Durante el resto del día, Sol hacía las mismas cosas que hacen los gatos: perseguir lagartijas, mariposas y pajaritos, subir a las azoteas, pasear por las calles, ir a otras casas donde le daban comida y subir a los árboles.

En las noches, Sol se sentaba en su árbol favorito a esperar la salida de la luna. Le gustaba ver brillar la luna llena, ya que al verla en sus distintas fases, se ponía nervioso, ¡pensaba que las estrellas se la estaban comiendo! Cuando no aparecía en el cielo, comenzaba a maullar muy alto para que saliera y eso molestaba a los vecinos del barrio, que le gritaban y a veces le tiraban cosas.

Pero a Sol no le importaba nada de esto, solo quería verla. En realidad, estaba enamorado de la luna.

Los otros gatos se burlaban de él por su exceso de imaginación. Una noche, un gato muy viejo que era su amigo, le dijo que no se pusiera así, que ese era un amor imposible, ¿por qué no se fijaba en alguna gatica de las tantas casas que visitaba?

Sol se sintió aún más triste y volvió su vista al cielo, esperando que asomara su querida luna.

En ese momento, oyó una voz que le preguntaba:

– ¿Por qué estás tan triste?
– Estoy triste porque estoy solo… -El pequeño gatico no quería decir la verdad.
– Entonces, ¡ven y juega conmigo!

Al escuchar esto se volteó y vio a una hermosa gatica de ojos azules como estrellas y pelaje blanco, blanco, blanquísimo como la luna. Sol no podía creer lo que estaba viendo, llegó a pensar que era el reflejo de la luna que había tomado la forma de una gata.

– ¿Luna? –preguntó sorprendido.
– ¡Ese es mi nombre! –respondió alegre la gatica-. ¿Cómo lo has adivinado?

Al terminar de hacer la pregunta, asomó la luna en lo alto. Los dos gaticos, felices, unieron sus colas.

Los gatos del barrio, sorprendidos, miraron a los dos enamorados. El viejo gato se rio y les dijo:

– ¿Vieron? ¡El Sol encontró a la Luna de sus sueños!

Sarah Graziella Respall Rojas, 19 años (texto y dibujo)

Cuento premiado en el XIV Concurso De Cuentos Infantiles Sin Fronteras, por la celebración de las XXXV Jornadas Infantiles de Otxarkoaga, Bilbao, España, 2016. Publicado en la antología del concurso.

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José Miguel R. Ortiz. Cifuentes, Villa Clara,1985. Creador y editor de este blog desde 2006 hasta hoy. WhatsApp +53 58298396 / Correo: z@halmas.org "Hay un momento para dejar de buscar miel y convertirse en abeja"

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