Roxy

ROXY

Roxanne, you don´t have to wear that dress tonight.
Sting

Mi pasión no correspondida por Roxy, la muchacha que se mudó para el apartamento de al lado, estaba a punto de enloquecerme. Esos rizos negros, esos ojos color miel, ese cuerpo de diosa, esa sonrisa angelical y diabólica a la vez… Exaltación sin esperanza que se limitaba a imaginar cómo sería tenerla en mis brazos. No es que sea un seguidor de Platón, en realidad aspiraba a algo concreto, una noche de amor, una semana, un mes o el resto de mi vida.

Roxanne -en mis fantasías, donde compartimos apartamento, lecho y mesa, suelo llamarla Roxy-, mi musa, es lo que se diría una clásica rocker, una friki auténtica. Yo soy un nerd antideportivo y medio depresivo… si uso gafas no es porque me queden bien, ni para disimular el tamaño de mi nariz y el tabique desviado, sino para rectificar mi cortedad visual. Es más joven que yo, siempre la he visto salir con peludos de brazos bronceados, cubiertos de tatuajes. Aunque me diera por hacerme un dibujito -dicen que duele-, no habría otra cosa que exhibir, no recuerdo desde cuándo no hago otro ejercicio aparte de mover el mouse. Le gusta bailar, ir a fiestas, discotecas, la vida nocturna… Se pasa la vida escuchando Aerosmith, Ramstein, System y Guns and Roses, mientras yo solo sé oír el sonido de sus pisadas leves y la melodía de su voz cuando pasa frente a mi puerta y me saluda con un “Buenos días, vecino”, sin importar si son las cuatro de la mañana y tiene los tacones en la mano.

No creo en la magia, soy un hijo del siglo XX, seguidor de las verdades que pueden ser probadas. La física me daba cierta esperanza, los polos opuestos se atraen; aunque al verla más bien me sentía vivo y muerto a la vez, como el salao gato de Schrödinger. Pero había escuchado tantas historias de las habilidades de Purita, una señora mayor de aspecto anodino de la micro de enfrente, con quien no había intercambiado palabra… que la incertidumbre cuántica comenzó a apoderarse del poco raciocinio que me quedaba.

Pero luego de ver pasar por delante de mi puerta a Roxanne con un vestido de cuero negro y unas botas altas que parecían de castigadora, quedé en tan lastimoso estado mental que, sin saber cómo, me hallé subiendo los tres pisos de la micro y tocando impaciente el timbre de Purita. No estaba para rodeos, fui directo al grano: Le pedí un sortilegio que sirviese para atar la voluntad del cuerpo absoluto de mi deseo, mi ángel atormentador…
-Es decir, que necesitas un amarre -soltó sin dejarme terminar y, cuando le comenté contrariado que dicho así, sonaba a magia negra, aclaró-: Llámalo como quieras, el efecto es el mismo.

Me escrutó con mirada socarrona, como evaluando si ayudarme o no. Esta reacción inesperada me hizo pasar de la ira a la consternación. ¿Acaso no notaba que me consumía de amor? ¡Era como negarle la medicina a un enfermo! Suponía que con las de su oficio todo se resumía a acudir a la consulta, elaborar el hechizo y pagar la cantidad acordada. No disponía de muchos fondos, apenas me quedaban cien pesos para terminar el mes. Esperaba que la cosa fuera de veinte… treinta si le sumábamos la urgencia.

-Tienes que traerme algo que contenga su esencia. -Ante mi expresión de ignorancia, rectificó-: Lo que un científico pragmático como tú llamaría el ADN, información genética. Un pañuelo sudado, una media o ropa interior sin lavar, cabellos, uñas, una servilleta donde se haya secado los labios…

-¿Y cómo se supone que consiga algo así, si apenas tengo contacto visual con ella? -le pregunté.

-Los dioses te ayudarán, confía en el camino. -No se me pasó que ocultaba una sonrisa malévola-. Como si revisas la basura, da igual… Yo me encargo del resto, luego que me abones cien pesos. No doy crédito. Ni plazos.
-¿Y eso es todo?

Me hallaba en shock ante su vocabulario: “ADN… información genética… pragmático… abones…”. Increíble, cómo había aumentado el nivel cultural de las brujas desde el medioevo, para no hablar de las tarifas. Por otro lado, era como si la muy condenada hubiera adivinado lo que tenía en el bolsillo.

Cerró la puerta en mi cara. Era hora de la acción, tomar los hilos del destino y tejerlos a mi favor. Soy tímido, pero el amor todo lo puede. Con el pretexto de ver si tenía grietas en la pared porque del lado mío se estaba formando una, logré cruzar el umbral de la puerta de mi friki del alma. Una vez en la sala, le pedí un vaso de agua. Mientras se alejaba rumbo al comedor, logré apartar la mirada de su caminado y tuve tiempo de echar una rápida ojeada al entorno.

Como enviados por los cielos, al lado de una tijera y aún húmedos, me esperaban en el sofá varios mechones de sus cabellos negros como la tinta. ADN divino, bendita suerte, girando a mi favor. Tomé uno y lo oculté en el bolsillo, apenas probé el agua y partí de vuelta a la micro.

-¿Viste qué fácil? Antes de que se ponga el sol, la tendrás rendida a tus pies, babeándose por ti -La sentencia vino acompañada de una risita sardónica.

Dale, búrlate, so bruja, veremos quién ríe último.

Tomó mis cien pesos y me puso de nuevo en la calle con gesto poco amable, sin posibilidad de arrepentimiento. El amor me había convertido en su víctima y para colmo en ladrón. No tenía otra que creer… Si se cumplía la predicción, sería feliz aunque comiera arroz sin grasa hasta fin de mes. No pasé por alto que la vieja tenía información que podía manejar en mi contra, cero reclamaciones o rembolsos, además, las brujas no dan recibos.

Tenían razón los que alababan su magia: es infalible. Aquí la tengo, rendida cual paloma, obsesiva, prendada, requiriendo caricias, insaciable, impaciente, ávida e insatisfecha, capaz de hacer lo que sea por complacerme. Salá vieja… No tuve ni que esperar el atardecer. La propietaria del bucle no solo golpeó, sino arañó mi puerta, se coló directo al cuarto, a mi cama. Ay, destino cruel, mala bruja que de seguro está riéndose… Ella sabía.

Pero más razón tenía quien afirmó que los perros se parecen a sus dueños. La poodle que literalmente se babea por mí, posee rizos negros, tan sedosos y brillantes como los de mi Roxy. ¿Por qué no me percaté que tenía una perra? El malhadado rock debe haber acallado sus ladridos, hay que oír a Axel Rose y a Serj Tankian para entenderme… ¡Y deja de morderme los pies! Ya, no llores, buena chica, linda, disculpa si te grité. Ven, te cargo, te rasco la cabecita, voy a peinarte… ¡Si prometes a cambio intentar al menos dormir en casa de tu ama!

Marié Rojas

(La Habana, 1963). Licenciada en Economía del Comercio Exterior. Graduada de inglés y francés. Miembro de la Red Mundial de Escritores en Español, REMES, y de la UNEAC.

Entre sus libros publicados están: Historia del Pillo, Anti Romance a la cubana; Mundo circular, había una vez un circo; La casa sin puertas, ecos y sombras que cuentan historias; Villa Beatriz; Tonos de Verde; Adoptando a Mini; De príncipes y princesas; El día que no salió el sol; Laurel y Orégano; Historias de la princesa majadera; El mundo al revés; En busca de una historia; Viaje a los astros; Algoritmos y ciudades; Incerteza cuántica y El vuelo del pez.

Su obra ha obtenido más de cincuenta reconocimientos en España, Venezuela, Argentina, Cuba, Australia, Brasil, Estados Unidos, Costa Rica, Uruguay, México, Colombia y Austria. Publicada en más de sesenta antologías. Ha colaborado con publicaciones periódicas de más de veinte países. Su obra ha sido llevada a la televisión, la radio y el teatro.

Comenta a través de Facebook
Editor

Editor

Cifuentes, Villa Clara,1985. Coordinador de la Red Social Haciendo Almas

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Esta es una medida de protección contra spammers y robots, escriba los número que ve a continuación por favor. Gracias! Refresque la imagen haciendo clic en las dos flechitas, por favor, o apriete F5 en su teclado para ver otra imagen, pues ésta ha vencido su tiempo,...

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!