Lilia María y su papá en el zoo

Lilia María y su papá en el zoo

Este sábado Lilia María y yo visitamos el Zoológico Nacional de Cuba.

Hacía un tiempo no íbamos, queda algo lejos de donde vivimos, y se complica un poco el transporte para llegar hasta allí. Esta vez pudimos ir en automóvil, así que el viaje fue más fácil y cómodo. Debo decir que los tickets de entrada y la comida -igual que en el Acuario y otros lugares recreativos que pudimos ir este verano- fueron muy económicos.

Llegamos y fuimos directo a tomar el bus que ofrece un recorrido -ya incluido en los tickets de entrada- por el área de los leones llamada “foso” y por la pradera africana. Ambos lugares están cerrados y se entra solo en estos ómnibus. Algunos ómnibus como el nuestro no tenían guía porque estaban de vacaciones…, pero el chofer hizo su mejor esfuerzo mientras manejaba y sudaba, y nos explicó las características generales de cada especie y otros datos de interés. Luego escuché varios comentarios de otras familias, unos quejándose de este servicio guiado en el cual “no les explicaron nada”, y otros agradeciendo la buena atención y la magnífica explicación. Parece que depende de la persona que lo ofrece, guía o chofer.

Al terminar el recorrido, del cual tomé estas fotos que les comparto debajo, fuimos a almorzar: una comida muy bien elaborada por cierto.

Cuando terminamos nuestro picnic padre-hija como le llama Lilia, fuimos al área del parque, donde destacan los cuentapropistas con sus precios un poco altos y una variedad de aparatos, inflables, carritos, tiovivos, guagüitas, etc. Pero el área del parque como tal, con los aparatos clásicos como columpios, no está en muy buen estado. Hay cosas muy simples que no están resueltas, como el drenaje del terreno, de modo que toda el agua se estanca y se llena de fango el lugar. Y otro problema es que los aparatos no estén pintados ni tengan una capa protectora del óxido y terminamos todos con las manos llenas del mismo. Son cosas que estamos habituados a ver, pero a las cuales nunca nos vamos a acostumbrar, porque un parque de diversiones no es para enfangarse ni oxidarse, así que sería mejor darles solución, que pasa necesariamente por el adecuado mantenimiento, una palabra que implica regularidad, sistematicidad, constancia, supervisión.

De ahí estuvimos en un show infantil con payasos, algunos juegos de participación y magos, que a los niñxs les gustó bastante, y a continuación fuimos a ver los animales enjaulados. Esta parte no nos gustó mucho. Ya es doloroso ver a los animales en cautiverio, pero si encima están sucios, desatendidos, y todo alrededor tiene un hedor fuerte, se hace además una experiencia desagradable. No era esa la realidad de todas las especies, pero sí de unas cuantas. Y a veces se trataba de agua estancada y cosas totalmente solucionables. Acá nos gustó que había personal del zoológico velando que las personas no molestaran a los monos y otros animales (por qué será que tanta gente molesta a los monos siempre en los zoológicos?….)

Pero… -ahora recordé algo volviendo a los cuentapropistas y sus atracciones- es contradictorio ver en el Zoológico Nacional a un grupo de hombres explotar a ponys y caballos hasta el cansancio, hasta que sus ojos se les ponen rojos y se tiran en el piso desfallecidos, o hacen como hizo un pony, empezar a dar patadas con una niña encima en protesta y otro que no quería caminar por andar comiendo hierba. Esto es realmente una vergüenza, y debería ser penado por la ley sin duda alguna. Los animales necesitan un buen trato, buena alimentación y horas de descanso, para poder entrar en contacto con las personas que allí van y alentar en los visitantes una relación de cuidado hacia ellos. También hay que pensar en otras formas de relacionarnos con ellos, que no sea montar los caballos, ver a los perros hacer esfuerzos en el circo parados en dos patas, etc, etc. Por qué no cobrar por una sesión de cuidado a los animales, por enseñarle a los niños cómo alimentarlos, asearlos, atenderlos, más si se trata del Zoológico Nacional. Bueno, por eso Lilia decidió no montar pony finalmente.

También me quedé un poco preocupado con el tráfico dentro del zoológico. Hay muchas carreteras dentro y mucho tráfico de ómnibus, autos, motos y motos eléctricas de los cuentaprpistas, pero también mucho trasiego de personas caminando de un lado a otro, sin embargo las carreteras son estrechas y no tienen acera a los lados ni contención alguna a la velocidad. Algunos choferes van realmente rápido y como las personas deben caminar por las carreteras porque el resto está enfangado o lleno de hierbas altas, más de una vez vi situaciones peligrosas. Encima venden allí bebidas alcohólicas, y esto es un factor de riesgo adicional. Creo que pueden mejorarse un poco las condiciones de circulación o al menos la organización de esa circulación dentro del zoo.

Lilia estuvo feliz. Se fue con unas picadas de hormigas de más que le enseñan también lo que es la naturaleza, aprendió más sobre los animales, conoció nuevas especies, reflexionó entorno a su cuidado, jugó en estos espacios de los cuentapropistas que tanto le gustan y disfrutó mucho el show de los payasos.

Y yo, bueno, me doy cuenta que no salí en ninguna foto hmmmmm, aunque estoy en todas, detrás de la cámara, pasando un día de verano con mi hija querida.

 

Lilia María y su papá en el zoo

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Editor

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Cifuentes, Villa Clara,1985. Coordinador de la Red Social Haciendo Almas

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