A Iberia por Perico (o al monte firme por amor)

A Iberia por Perico (o al monte firme por amor): Dos crónicas sobre el Grupo de Excursionismo CeroFallos.

Algunos integrantes del Grupo de Excursionismo CeroFallos
“Somos un grupo de amigos que practicamos el excursionismo en Cuba. Buscamos acercarnos a la naturaleza de una forma más directa y activa, pero a la vez más responsable, valorando y respetando las particularidades naturales y socioculturales autóctonas de los lugares visitados. Promoviendo la belleza natural de Cuba, el amor a la naturaleza y el cuidado del medio ambiente.”

PRIMERA CRÓNICA

Crónica de la excursión del Grupo CeroFallos a la Laguna Iberia escrita por el periodista Alexis Rojas y publicada originalmente en el periódico Ahora.

Un día feliz, no hace tanto tiempo, un piquete de jóvenes que habitan en el municipio de Moa, en el extremo este holguinero, tuvieron la oportuna idea de crear algo que les permitiera acercarse con respeto a la fabulosa naturaleza que rodea, en todas direcciones, a la Capital cubana del Níquel.

De charla en charla entre amigos, decidieron unir fuerzas, talentos, pequeños recursos, aficiones, gustos y comenzar a forjar un sueño que, hasta entonces, se les perdía en el verde intenso de los bosques, allá cuando estos se fusionan con el azul del cielo o se cuelgan de las noches estrelladas.

Hacia ese horizonte solían dirigir la vista y fraguar audaces pensamientos, que les propiciaran invertir de una manera productiva e interesante el tiempo libre que les otorgan sus diferentes ocupaciones laborales y la vida cotidiana, de vez en vez, con sentido recreativo.

Pero sobre todo, señaló Meyquel García Avilés, uno de sus fundadores y trabajador de la Empresa Mecánica Gustavo Machín, “instructivo y con total empatía hacia el entorno y las particularidades socioculturales, incluidas algunas muy singulares”, de los lugares posibles a visitar.

Sabían que conocerían de privaciones, escases de agua, cansancio infinito, soportarían la lluvia y el frío, que el suelo o la hamaca sería el lecho agradecido y otros avatares de la vida en campaña, pero los animaba el ampliar los conocimientos sobre la flora y fauna muy especial de la región, repleta de endemismos, el contacto directo y activo con el entorno.

Grupo de Excursionismo Cero Fallos - Excursión a Laguna Iberia foto 2

También ver accidentes geográficos y gozar del espectáculo de saltos y cascadas perdidas en el monte; apreciar formaciones rocosas increibles, sentirse guerrilleros pronaturaleza armados con cámaras testimoniantes, Robinsones criollos del siglo XXI y tener muchas cosas para contar.

No faltaron críticos y escépticos, pero ese día feliz nació el Grupo de Excursionismo CeroFallos de Moa , el cual ya acumula sus primeras experiencias, a partir de su nombre. Con ellos no cabe el error que pueda afectar al medio ambiente, pues precisamente, son de sus grandes defensores desde las sólidas posiciones del amor.

TRES DIAS EN BUSCA DE LA LAGUNA DE IBERIA

Once excursionistas, tres invitados entre ellos, partieron cuando comenzaba la noche del pequeño asentamiento de Nibujón, a la vera de la carretera que enlaza a Moa con la Primada, Baracoa, mientras el susurro de las olas atlánticas iba detrás de las cargadas espaldas y las miradas clavadas en lo alto, donde saben hay una “cabaña” que nombran El Lechugo. Es la primera meta, pero cumplirla requiere atravesar en ocho puntos diferentes las aguas cristalinas del río Nibujón y caminar durísimo. Casi a medianoche se instalaron en la pequeña pero bien armada casita. Comieron, un ligerísimo chapuzón en el río y a dormir.

Al amanecer, contó Meyquel, “preparamos el desayuno: café y café con leche, pan tostado y pan de maíz. También un fufú de plátano (el plato principal en lo sucesivo) para el camino, porque la próxima comida sería en la noche.

“Algunos tuvieron reservas con el café, porque el colador improvisado era un pañal que la esposa de uno había donado. Rápidamente llegamos a la conclusión de que lo usaba para dormir. Esta afirmación careció de sustento, pero sirvió para reírnos un poco”.

EN MARCHA, PERICO ARRIBA

Partieron y comenzaron el ascenso de la loma del Perico, empinada y majestuosa elevación con centenares de metros sobre el nivel del mar, pleno corazón de las Cuchillas del Toa. Asistidos con mapas y brújula, solamente restaba que las piernas aguantaran el esfuerzo y que el trillo no se perdiera demasiado en el monte. El ascenso tuvo más paradas que las imaginadas.

Sobre las dos de la tarde alcanzaron el Alto de los Hongos (por la súper abundancia de estos especímenes vegetales). Allí no olvidaron merendar. A las tres estaban de nuevo en camino. Seguían el llamado trillo del Perro. Entonces escucharon, a unos 60 metros de distancia, el borboteo de lo que “nombraron” el Manantial de la Vida, que brota por debajo de una roca con el agua sumamente fría y forma un arroyuelo. Más, justo ahí, el trillo desapareció y tuvieron que emplearse a fondo con los machetes unos 500 metros, hasta que reapareció para volver a perderse, como buen jíbaro.

La tarde declinaba. El cansancio era visible. Buscaron un lugar para acampar y preparar los frugales alimentos disponibles. Lo hicieron en tiempo récord, sin pensar en el Guinnes, acosados por la noche. Apenas el Rey se escondió en su ruta diaria al Occidente de la Isla, el sueño se apoderó. La meta de llegar ese día a la Laguna montañesa, quedaba incumplida.

CONGELADOS

“Pero, en la madrugada esperaba una sorpresa: un frío casi ártico para el mes de junio, se abatió sobre el improvisado campamento. Aquel lugar lo recordaremos siempre como “El Campamento de la Congelación”, recuerda Meyquel.

Al fin salió el Sol, por el este franco y tras lo de rigor, emprendieron el camino. Hoy sí tenían que llegar a la Laguna de Iberia, una de las zonas más intrincadas, próximas a Moa. Avanzaron a punta de machete, pero el desgaste físico se impuso. Descanso y retroceso, más ahí justo, apareció de nuevo el trillo perdido, aunque ahora adornado con cintas señalizadoras de visitante anteriores que decían: Localidad Laguna.

“La alegría fue incontenible”, agregó Meyquel. A unos 400 metros de distancia, estaba la Laguna, “esperándonos en calma absoluta, plena de virginidad” y en sus orillas preñadas de arbustos, “Tocororos que lo llenaban todo con su canto. Una experiencia maravillosa que disfrutábamos cuáles críos, cuando una nube, sorpresiva, invadió el espacio. Sentimos un golpe de aire frío y húmedo. “Para el Grupo fue como el bautismo de naturaleza”.

Dicen que esa Laguna se llena y vacía periódicamente, apuntó, para afirmar que, “la encontramos completamente llena y bella. Estaba, pues, logrado el propósito principal. Era el momento de regresar. La experiencia, sumamente gratificante. La lluvia amenazaba. En Nibujón nos esperaban”.

Galería de fotos

SEGUNDA CRÓNICA

Crónica de la excursión a la Laguna de Iberia 04/06/2015 – 07/06/2015, contada por sus protagonistas.

Salimos de Moa el jueves 4 de junio 7:30 PM. El plan era el siguiente:
• Jueves 4: Llegar a Nibujón y salir por el camino al lado del río hasta llegar a la cabaña del Lechugo y allí dormir.
• Viernes 5: Salir del Lechugo lo más temprano posible, subiendo por el camino de Perico y llegar hasta el Alto de los Hongos y allí reorientarnos según las instrucciones de Máximo (anciano que conoce la zona; servía de guía en los 80 a científicos rusos que investigaban la zona). Tratar de encontrar el Trillo del Perro y subir por la Cuchilla hasta el Alto que nos llevaría directo a la Laguna. Acampar en la Laguna.
• Sábado 6: Buscar el cauce del primer arroyo al sur de la Laguna, según el mapa debía estar a unos 150 metros. Una vez en el arroyo, bajar hasta la segunda cascada y luego buscar el segundo arrollo. Una vez en el segundo arroyo, bajar hasta la tercera cascada, descender a rapel y acampar en la base de la cascada.
• Domingo 7: Caminar río arriba por el tercer arroyo y explorar la cuarta cascada. Al mediodía, emprender regreso a Nibujón; allí debía estar Elías (padre) con el camión para transportarnos hacia Moa.
• “De lo dicho al hecho hay mucho trecho.”

Jueves 4 de junio del 2015

Después de resolver algunos contratiempos con respecto al trasporte y los permisos en los centros de trabajo de algunos miembros del equipo, logramos reunirnos todos a la 7 p.m. en casa de Elías. En una camioneta Mitsubishi y un carro ligero viajaríamos los 11 excursionistas hasta Nibujón, y así fue. Llegamos a Nibujón sobre las 8:30 de la noche y con la misma salimos rumbo a la Cabaña del Lechugo; el trayecto es por la orilla del río, pasando de un lado a otro unas 9 veces. En el camino encontramos varios sapos que posaron para la cámara desafiantemente; luego nos enteramos que poseen veneno en el cuero, según cuenta un anciano que conoce bien el monte.

Sobre las 10:40 p.m. estábamos instalados en la pequeña pero bien armada casita. Comimos en el río lo que cada cual había traído de sus casas, compartiéndolo todo, como siempre, y luego un ligero chapuzón nocturno.

Grupo de Excursionismo Cero Fallos - Excursión a Laguna Iberia

La lista completa (de izquierda a derecha):
1. Francisco, alias el jefe…
2. Pedrito, invitado. Pensamos que en la primera loma se quedaba, pero nos hizo quedar mal.
3. Octavio, invitado. Estamos siempre pendientes porque sus caídas son espectaculares; quiso tirarse a rapel y nos puso los nervios de punta.
4. Elías, el líder del grupo. Transportista y con familiares en la zona.
5. Alex, alias retaguardia. Era quien decía cuándo había que descansar. Nos sorprendió con una laticas de atún.
6. Carlos Ariel, invitado. Le dejó de regalo su reloj CASIO a una jaragua del monte.
7. Juan Manuel, logística y transporte. Da equilibrio y mesura al grupo.
8. Meyquel, alias gugly. Ubicación y mapas. Cocinero del grupo.
9. Jose, el más ligero, el explorador.
10. Robert alias Patinche, el del brazo fuerte, el AbreCaminos; 2 horas dando machete es solo un calentamiento para él.
11. Yoandry, alias El hermano de Rolo. Paramédico, Rescate y Salvamento, no está en la foto, lo recogimos por el camino.

Viernes 5 de junio del 2015

Al amanecer preparamos el desayuno: café, café con Leche, pan tostado y pan de Maíz. También preparamos un fufú de plátano para el camino, porque la próxima comelata sería por la noche. Algunos tuvieron sus reservas para tomarse el café, porque el colador improvisado era un pañal que la esposa de Alex había donado. Rápidamente abrimos una investigación para averiguar los detalles y procedencia del útil pedazo de tela y entre todos llegamos a la conclusión que Alex lo usa para dormir. Esta última afirmación careció de pruebas pero de todos modos nos sirvió para reírnos un poco.

La meta del día estaba definida, solo faltaban piernas y que el camino no se nos escondiera mucho, porque romper monte en esta zona no es tarea fácil.

Subimos la loma del Perico con más intervalos de descanso de lo previsto. Al pasar por el Mirador, rememoramos las experiencias anteriores mientras merendamos.

Por fin llegamos al Alto de los Hongos a las 2:30 p.m.. Consumimos el fufú y nos reorientamos con brújula y mapa en mano (no sé si son hongos o musgos, pero el lugar ya tiene un nombre).

Aproximadamente a las 3:00 p.m. continuamos por el trillo del Perro, a unos 60 metros escuchamos el Manantial de la Vida, llenamos los pomos que ya estaban vacíos y proseguimos (vale aclarar que desde el comienzo de la Loma del Perico hasta el Manantial de la Vida no hay agua). Le llamamos Manantial de la Vida a una chorrera que sale debajo de una roca y forma un pequeño arroyo cuya agua es bien fría. A partir de ese lugar el trillo del Perro desapareció y comenzamos a abrir monte. Según Máximo había que seguir toda la cuchilla de la loma y eso fue lo que hicimos. Avanzamos unos 500 metros y reencontramos el trillo, pero cantamos victoria antes de tiempo; ya nos veíamos en la preciosa Laguna refrescando la caminata del día cuando el trillo sencillamente desapareció.

Nos reorientamos con la brújula y el mapa, tomamos los machetes y a romper monte otra vez. A las 5 p.m. acordamos buscar urgente un lugar para acampar y cocinar. Sentimos el sonido de un arroyo y hacia él nos dirigimos. En tiempo récord, preparamos el campamento, armamos con unas piedras un fogón y algunos nos pusimos a cocinar mientras otros armaban las hamacas. La noche estaba muy cerca.

A pesar de no encontrar la Laguna ese día, sentíamos satisfacción porque estábamos muy cerca de ella. A las 7 p.m. comimos (espaguetis con carne y plátanos) y a las 8:30 todo el mundo estaba durmiendo. Pero en la madrugada nos esperaba una sorpresa: un frío inesperado; la temperatura nos tendió una emboscada. Aquel lugar lo recordaremos como “El Campamento de la Congelación”.

Sábado 6 de junio del 2015

Bien temprano preparamos desayuno y un buen fufú de plátanos al estilo del día anterior, y salimos en busca de nuestro objetivo. Eran las 8:30 a.m. cuando partimos.

El lugar donde acampamos era literalmente un hueco de aproximadamente unos 80 metros de diámetro. El arroyo lo atraviesa y en un punto se pierde debajo de la tierra. Luego de ubicarnos en el mapa, teníamos dos alternativas para llegar a la Laguna; la primera era romper monte a través de una cuchilla que parecía bastante asequible, la segunda tratar de encontrar el trillo perdido. Optamos por la primera.

Durante 40 minutos avanzamos unos 80 metros. El desgaste era fuerte y las irregularidades del terreno eran cada vez más difíciles de transitar. Optamos por la variante 2. Regresamos atrás y avanzamos en busca del trillo perdido. Salimos del hueco y justo delante de nosotros nos encontramos el trillo con unas cintas señalizando “Localidad Laguna”. La alegría fue incontenible. Avanzamos unos 400 metros y allí estaba Doña Laguna, esperándonos con una calma absoluta.

De más está decir que el estado de conservación es elevado, el sonido de los tocororos equivale al de los gorriones en las ciudades. Según los conocedores del lugar, esa laguna se llena y se vacía periódicamente. Permanecimos en el sitio algo más de una hora. Durante ese tiempo algunos se dieron un buen baño y yo me dediqué a tomas algunas fotografías del lugar. Una experiencia maravillosa fue cuando una nube, sorpresivamente, nos invadió. La sensación fue parecida a cuando abrimos una nevera y sentimos ese golpe de aire frío y húmedo; fue como un bautismo de naturaleza. Dimos gracias a Dios por un lugar tan hermoso y permitirnos conquistar la Laguna en el tercer intento. Cerca de las 12 del mediodía hicimos un pequeño debate para redefinir el cronograma. Ya teníamos mediodía de atraso y decidimos regresar hasta donde comienza el camino de Perico, dormir allí y el domingo en la mañana explorar el arroyo de Perico, que según habíamos escuchado, tenía lugares muy interesantes. Quedaba la excursión a la 3ra. y 4ta. cascada para otra ocasión.

Tomamos el trillo de regreso, el cual tenía cada 50 o 60 metros unas cintas marcando el camino; en una de ellas encontramos la inscripción: “huellas de Almiquí”. La última cinta nos llevó a un cañadón, seguimos cauce abajo hasta que nos dimos cuenta que por ahí no era. Jose y Robert fueron a explorar hasta el final del cañadón y este se acabó en un descomunal precipicio. Nos ubicamos mapa y brújula en mano y decidimos tomar hacia la izquierda hasta encontrar en algún punto el trillo abierto el día anterior. Esta vez fue Elías quien abrió el camino. Avanzamos unos 20 minutos y encontramos el trillo muy cerca del Manantial de la Vida. Justo frente al trillo hay un árbol que tiene un nido de tocororos. En el manantial nos recreamos un poco. El agua es exquisita. Rellenamos los pomos y a caminar.

Llegamos al alto de los Hongos cerca de las 2:30 pm, almorzamos el fufú que habíamos preparado en el desayuno y fue entonces que Alex nos sorprendió con unas latas de atún divinas. Mientras compartíamos, unas gotas de lluvia lanzaron las alarmas. El descenso por la Loma de Perico cuando llueve ocasiona muchas caídas, el suelo es extremadamente resbaloso. La última vez me caí 8 veces y una de ellas me dejó con dolores por una semana, pero todos recordamos los sapitos de Octavio con coeficiente de rozamiento = 0. El pobre Octavio vivía en el suelo hasta que decidió desplazarse en cinco puntos. Ese fantasma nos estaba rondando y su aviso fueron las gotas de lluvia y un nubarrón que apareció.

La lluvia amenazó pero no cayó. Fue más bien beneficioso caminar a la sombra del nubarrón. Dios es bueno. Justo a las 3 p.m. salimos y a las 5:00 p.m. ya estábamos en la base de la loma de Perico; “pabajotolosantoayudan”.

Encontramos un lugar especial para acampar entre el camino y el arroyo de Perico. En una rama sobre el río la naturaleza nos ofreció un espectáculo maravilloso: un zunzún en su nido cuidando sus dos huevitos. El ave nos dejaba acercar hasta un metro, luego salía disparado y nos pasaba cerca del rostro a una velocidad supersónica. Rápidamente había que retroceder; su instinto maternal (o paternal) imponía respeto a unos intrusos que solo querían unas fotografías.

La comida esa noche fue espectacular:
1. Arroz blanco al humo de ocuje.
2. Carne en lata en salsa unida a la carne de cerdo frita.
3. Fufú de plátanos con ajo.

Esa noche Alex y yo jugamos ajedrez. Fueron dos partidas, una victoria para cada uno. Cerca de las 11:00 p.m. fue que nos acostamos.

Domingo 7 de junio del 2015

Mientras preparaba el desayuno, la otra parte de la tropa hizo un pequeño entrenamiento lanzándose a rapel de un árbol. Según el plan inicial, debíamos descender la 3ra. cascada de esa forma, pero como decidimos cambiar el rumbo, la actividad emocionante y arriesgada había sido frustrada. A pesar de eso, por la cascadita del arroyo tenía que lanzarse todo el mundo, sí o sí.

Luego del desayuno, de recoger el campamento y empacar, la emprendimos arroyo arriba buscando la cascadita. A pesar de tener poco caudal, el cauce es cautivador y tiene sitios especiales.

La cascadita tiene unos ocho metros y se divide en dos chorros, uno suave y otro más fuerte. La misión allí era usar los equipos de descenso, para que nadie dijera que habíamos cargado por gusto esos aparatos. El primero fue Elías y le fue muy bien. Octavio nos asustó a todos con un resbalón a la hora de tensar la cuerda y yo bajé a pasos de hormiga por haberme perdido la clase de instrucción. Uno a uno y bajo la guía del Hermano de Rolo (Yoandry), que es rescatista y paramédico profesional de la Fábrica Che Guevara, bajamos todos. Disfrutamos un rato bajo los chorros y cerca de las 2:10 p.m. salimos rumbo a Nibujón.

Hasta el momento había sido todo un éxito el fin de semana, pero faltaba más. Al llegar a Nibujón, cerca de las 4:30 p.m., una gran sorpresa nos esperaba. Habían viajado nuestras esposas e hijos desde Moa para recibirnos en casa de la familia de Elías. Allí nos prepararon un delicioso almuerzo y compartimos nuestras proezas y hazañas. Al menos para ellos somos unos “Rangers”. Mi hija de 5 años pasaría una semana hablando de las fotos y los lugares a los que fue su papá. Les prometimos a nuestras esposas e hijos llevarlos al arroyo de la Jaragua (un afluente del Nibujón que tiene piscinas naturales escalonadas) en agosto.

Y como para coronar la excursión, nos contaron que el Barcelona FC había ganado la Liga de Campeones.

Fuente: https://equipocerofallos.wordpress.com/2015/07/07/a-iberia-por-perico/

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Editor

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Cifuentes, Villa Clara,1985. Coordinador de la Red Social Haciendo Almas

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