Arte y poesía: armas del amor (+ Fotos)

Enviado por Zoila Portuondo

Cierva y cervatillo en un matorral- obra de la pintora animalista francesa Rosa Bonheur

Magia, armonía y calma
llenaban una espléndida mañana
¡Se oyó un disparo!
¡ Y se acabó el hechizo…!
…Y apareció el miedo
la energía pesada
el desconsuelo helado.
¿Hasta cuándo, hermanos
de escopetas largas?
Habiendo canto
y juego alegre
habiendo flores
y nubes que viajan
habiendo lunas redondas blancas…
¿Para qué sembrar dolor
en las alboradas malvas?
DELANFIN

Nota: El poema (s/t) es de la autoría (y cortesía para Arca de Noé) del amigo español Antonio Conde Bueno (seudónimo Delanfin). La imagen (Cierva y cervatillo en un matorral) es una obra de la pintora animalista francesa Rosa Bonheur.

DATOS ADICIONALES SOBRE ROSA BONHEUR

La connotada pintora animalista Rosa Bonheur, que para bien de todos prefirió armarse con un pincel y no con una escopeta, nació en Francia el 18 de marzo de 1822 y murió el 25 de mayo de 1899. Es considerada por muchos la mujer pintora más famosa del siglo XIX. Expuso sus cuadros por primera vez en el Salón de París de 1843; dos años más tarde, conquistó una medalla de tercera clase en el Salón de 1845, y una medalla de oro en el de 1848. Sin embargo, su consagración internacional llegó en 1855 con el imponente y famoso cuadro de 8 pies de altura por 16 de ancho, Feria de caballos, que se encuentra actualmente en el Museo Metropolitano de Nueva York.

Quiso el azar que nuestro indispensable Martí asistiera a la subasta neoyorkina donde se puso en venta esta obra, y quiso más: quiso dejarnos su invaluable testimonio:

[…] ni «La fiesta de niños» de Krauss, con tanto rostro menudo que parece moldeado sobre una manzana; ni la «Tarrera» y el «Pollea Verso» de Cérome, más célebres que dignos de serlo, puesto que en ellos no iguala al interés del tema la decisión y sabiduría de la pintura; ni «La vuelta de la Vendimia» de Bouguereau, grupo frío de labriegos de Italia, donde no pudo este fecundo artista lucir los nácares y gracias de la carne, que él anima con una luz de aurora; ni el retrato de Humboldt que hizo Schreyer, donde su cuerpo, débil sostén de la cabeza inefable y gloriosa, destácase desde su asiento en la colina sobre el argentado ambiente, en cuyo fondo alzan la cana cumbre los volcanes; ni la solidez y relieve soberanos de «La visita al recién nacido» de Munckacsy, donde la madre, pálida aún del admirable dolor, sonríe desde su sitial de convaleciente a las curiosas amigas que le saludan aquella joya labrada en sus entrañas; ni los «Bufones» de Zamacois, verde uno, blanco otro, otro rojo, otros en todo el fuego de la luz, otros en un rincón sombrío, y el cuadro entero, salpicado de enanos, piernas colgantes y jorobas, hecho a una luz que acusa y quema, como el infierno de aquellas tremendas almas, arrancaron aplausos tan ardientes como el grandioso rincón de bosque vivo por donde los lujosos caballos de Rosa Bonheur van a «La Feria». Se ven, se ven aquellos duros lomos, aquellas ancas altas y macizas, aquellas cabezas pujantes y fogosas. Uno negro, normando, se encabrita y flagela con las crines erizadas el rostro del jinete de blusa que lo doma: a paso travieso lo sigue un pony peludo por entre sus mayores, con la mordida en la mirada. Un mozo va arrogante, como si supiese que el animal que monta es el más bello. Por el recodo vienen alazanes, retintos, bayos, ruanos. Del otro lado se entran en el bosque los que abrían la magnífica cuadrilla. Un chalán vigoroso, en lo mejor del lienzo, sujeta con ambos brazos desnudos el paso orgulloso de dos sementales blancos. Llevan la cola anudada, como para que se vea el dibujo rico. La carne recia hinchaba la piel tendida. La luz cae en las ancas.

Sobre ese cuadro si fue la batalla recia. «iCuarenta mil pesos!» dijo una voz vibrante. Ruedos de aplausos acogían las ofertas, que iban de mil en mil. «¡Cincuenta mil!» «iCincuenta y tres mil!» En cincuenta y tres mil pesos lo compró el mayor de los Vanderbilt para regalarlo al museo de Nueva York, donde servirá de modelo permanente esa obra fresca y pura. (1)

Obra La Feria - por Rosa Bonheur

(1) Carta al director del periódico La Nación, Buenos Aires, 22 de junio de 1887. En Obras Completas, José Martí (Col digital), Ed. Centro de Estudios Martianos, Tomo XIX, Sección «El arte en Nueva York», 1998, p. 317.

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José Miguel R. Ortiz. Cifuentes, Villa Clara,1985. Creador y editor de este blog desde 2006 hasta hoy. WhatsApp +53 58298396 / Correo: z@halmas.org "Hay un momento para dejar de buscar miel y convertirse en abeja"

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