Del qué hacer al quehacer y viceversa. Apuntes para una pedagogía liberadora (+ Fotos)

Por Reinier Rodríguez Guevara

El trabajo en, con y desde grupos de niños(as), es una de las prácticas que por los resultados satisfactorios que aporta a las experiencias educativas, ha alcanzado gran popularidad en los procesos de interrupción y/o intervención comunitaria de los últimos veinte años.

Las lógicas y dinámicas concebidas para el logro de los objetivos propuestos por el profesor/investigador son infinitas, sin embargo, no todas son acertadas al carecer de un posicionamiento político serio, que redimensione ese carácter autoritario y verticalista tantas veces visto en nuestros quehaceres, y que pone al sujeto/niño como objeto a investigar, como mero espectador de la realidad y no como protagonista de su transformación individual.

Los estudios sobre educación popular y trabajo grupal1, apuntan que el problema radica en los métodos, procedimientos y herramientas utilizadas (casi siempre de buena fe) por el profesor/investigador, que en vez de propiciar un clima de respeto y amor para el desarrollo integral y armónico de los(as) niños(as) con los que trabaja, implantan una dictadura adultocéntrica y dependiente, que convierte muchas veces el proceso pedagógico en un instrumento de dominación autocrático.

¿Cómo democratizar entonces las relaciones de poder2 que se dan en estos procesos, para que el educando pueda participar y decidir sobre qué y cómo aprender?

Pudiera decir que esa es la pregunta del millón, la propuesta que psicólogos, investigadores, pedagogos, etc. de todos los tiempos, le han hecho a la enseñanza tradicional y específicamente a la escuela como institución encargada de formar, instruir y educar al individuo.

En mi experiencia como arteducador en Media Luna, creo reconocer (y no los inventé yo) tres aspectos fundamentales que nunca se deben perder de vista para el trabajo desde una ética liberadora en, con y desde grupos de niños(as).

1ro. Para este grupo etáreo, las actividades lúdicas y creadoras son una necesidad antropológica, siempre estarán antepuestas por ellos a cualquier otra actividad (dígase trabajo, estudio, etc.) pues ocupan un lugar cimero en sus jerarquías motivacionales.

2do. No todos los juegos, por educativos que parezcan, tienen una utilidad pedagógica.

3ro. La actividad creadora y los lenguajes artísticos no debe utilizarse como fin (para la representación/exposición), sino constituir en sí, una herramienta pedagógica puesta al servicio del proceso de enseñanza, un instrumento para el desarrollo de las capacidades expresivas del educando3 y su posterior transformación individual. 

El grupo de niños(as) en, con y desde el que trabajo harán ya siete meses en el parque Titi Villa de la comunidad El Carmen en Media Luna, me ha obligado muchas veces sin proponérselo (al menos no concientemente), ir cambiando los métodos y estilos de trabajo en mi labor docente y arteducativa. Un día en la clase de Ciencias Naturales (por citar un ejemplo) el grupo no quiso que los planetas fueran solo cuerpos celestes que se trasladaban alrededor del Sol, sino ocho hermanos nacidos del amor entre el señor Sol y la señora Luna, y que hacían una ronda alrededor de su padre para que éste le contara historias sobre la creación del mundo. Asimismo las estrellas y demás cuerpos celestes eran niñas(os) juguetones que nunca dejaban de retozar en los columpios y canales que hay en el gran parque Universo.

Este asunto (que dicho sea de paso tiene que ver con el principio didáctico de la asequibilidad de la enseñanza), me planteaba un cambio urgente en algunos de los modos que comúnmente empleaba como maestro para asegurar la formación de intereses cognoscitivos y la actitud emocional positiva hacia la asimilación de los contenidos de la enseñanza. Porque afortunadamente, la historia no terminaba ahí, luego los(as) niños(as) jugarían a ser planetas, estrellas, satélites, etc.

Este hallazgo didáctico, me obligaba a diseñar una estrategia donde utilizara el imaginario infantil y las metodologías arteducativas que empleaba por las tardes en su comunidad, como herramientas pedagógicas para cuestionar y transformar la(su) realidad, así que, manteniendo esta perspectiva lúdica-creadora, comenzamos a construir historias donde príncipes, princesas, gigantes, duendes y otros personajes de sus cuentos y filmes favoritos se debatían en polémicas y conflictos sobre los modos de actuación, el respeto a los padres y maestros, el compañerismo, la importancia del estudio y otros (muchísimos) temas demandantes de la cultura infantil y el ambiente escolar.

En este sentido, las relaciones de poder en los procesos pedagógicos tienen otra dimensión. Ya el educador no decide cómo el educando aprende, ni siquiera qué aprende, la dinámica le exige ser más alumno que profesor, más secuaz que director. El posicionamiento político4 del educador en este caso determina la efectividad del proceso y le ofrece al educando la posibilidad de pensar cómo vive, cómo aprende, y sobre todo, de quererlo hacer, cómo puede cambiar eso.

De ningún modo creo que sea esta la solución a la problemática que le plantea la educación popular a la escuela, pero sí creo en su funcionalidad, esta y otras tantas experiencias en el trabajo en, con y desde este grupo de infantes, el estudio y conocimiento de otras prácticas, el amor, paciencia, compromiso y respeto a los saberes de los(as) niños(as), sus visiones y percepción de la realidad, me han permitido apre(he)nder la verdadera esencia de la labor educativa-comunitaria.  Ha convertido un estilo de trabajo, en un modo de apuntalar la realidad, una forma ética/estética/didáctica de replantear la objetividad para que aprender en el aula o en el parque, sea un acto propositivo y no impositivo, para que la educación que reciben los(as) niños(as) sea un entretenido regalo y no una  aburrida obligación

 

1 Sobre todo los que proponen educar desde una ética liberadora y transformadora, en detrimento del modelo de enseñanza tradicional.
2 Ver Luvel García Leyva: Del niño actor al niño performer. Concepciones pedagógicas en la historia del teatro con niños, Editorial Caminos, La Habana, 2009, pp. 108.
3 Ver Luvel García Leyva: El viaje del colibrí: re-construyendo una pedagogía arteducativa con y desde los/as niños/as, Editorial Caminos, La Habana, 2010, pp. 28.
4 Según Freire el acto de educar presuponía un posicionamiento político basado principalmente en las dualidades ¿Qué enseñas y qué no enseñas? Y ¿Para quién educas y contra quién educas?

osemi

José Miguel R. Ortiz. Cifuentes, Villa Clara,1985. Creador y editor de este blog desde 2006 hasta hoy. WhatsApp +53 58298396 / Correo: z@halmas.org "Hay un momento para dejar de buscar miel y convertirse en abeja"

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2 Respuestas

  1. Andrés Conde Vazquez dice:

    El amor, paciencia, compromiso y respeto a los saberes de los(as) niños(as). Toda persona sea padre, hermano, hijo que a su vez será padre y tendrá hijos que tenga por gran precepto esa frase será siempre un gran educador.

  2. Reinier Rodríguez Guevara dice:

    Pues, de modo que es la primera vez que entro a la página y veo mi trabajo publicado, no he hecho más que sentirme tan orgulloso… un beso para ti hermano y sigue sirviéndonos de puente o plataforma para que nuestra verdad no sea anónima.

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