En busca de Flavia (20-12-11)

Publicado por Lurima
Enviado por Margarita Ruiz Peraza
emcuba@infomed.sld.cu
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Hola, amigos, hoy vi la información sobre su sitio en Hola Habana y recordé que tenía en la máquina una historia que mi nieto escribió en 2008 en forma de guión. Como su padre es camarógrafo, él insistió tanto que logró que la filmara, con las actuaciones de él mismo, su hermano Abel, su Tata, que es una gran amiga mía y varios compañeros de aula, con locaciones en el Parque Lenin y en el patio de mi casa. Después, la transformó en el cuento que les adjunto.
 
Por otro lado, me pareció muy loable su empeño y les prometo colaborar con ustedes en el futuro.
Saludos afectuosos
Margarita
Su nombre es Adrián Senarega Vázquez, tal como aparece en el encabezamiento del cuento, y lo escribió hace 4 años. Ahora está en la secundaria “Albo Parra Puñales”, en Fontanar, en 9º grado. Tiene 14 años.
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EN BUSCA DE FLAVIA
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ADRIÁN SENAREGA VÁZQUEZ
5to grado. 10 años
Escuela “Augusto César Sandino”
Fontanar, La Habana.
Había una vez seis niños que daban clases de inglés. Sus nombres eran Melanis, Diego, Max, Daniel, Isabel y Claudia.
Un día la maestra les dijo:
– Bien, niños, hemos ganado un lugar destacado en un Concurso de inglés e iremos a un lugar magnífico.
– Ehhhhhhhhhhh- gritaron los niños.   
-….pero hay un problema, el chofer de la guagua ha desaparecido y nos tendrá que llevar el papá de Max – añadió la maestra.
Al día siguiente, todos se reunieron para ir al lugar sorprendente.
–  Muchachos, tengo una sensación de alegría…- dijo Daniel.
Diego, por su parte, no podía estarse quieto y gritó:
– ¡Tengo tantas ganas de llegar!
– Llegaremos de un momento a otro – lo tranquilizó Max y la maestra dijo:
– Atención a todos, hemos llegado – éste será nuestro campamento. Hoy pueden pedir tres deseos, que se les cumplirán.
Los niños salieron corriendo hacia unos árboles.
– ¡Qué emoción! – exclamó Daniel
Isabel, que iba junto a él, le susurró:
– A mí se me quiere salir el corazón del pecho.
Diego que era tremendo comelón y estaba preocupado por la merienda, le dijo a Max:
– Yo sigo con hambre….
– Tú, como siempre….- comenzó Melanis y los demás completaron:
– ¡Con hambre! Jajaja
Se sentaron sobre unos troncos y Daniel exclamó con extrañeza:
– Oigan, creo que vi al chofer por allí.
A lo cual, Claudia respondió:
– Tú sabes que él está desaparecido.
Por su parte, Max les dijo a los chicos:
– Iré a ver si la profe nos da algo de comer – y salió corriendo con la aprobación de todos.
– ¿Porqué no buscamos al chofer?  Si es verdad que Daniel lo vio, debe estar cerca – propuso Diego.
A lo cual, Claudia añadió:
– Perfecto, vamos – y salieron a caminar todos juntos.
Frente a ellos apareció un puente y mientras lo cruzaban, oyeron un grito:
– ¡Ayyyyyyyyy, ayúdenme!
– Seguro que es el chofer – se alegró Daniel.
Todos salieron corriendo.
Mientras tanto, Max había regresado y al ver que no había nadie, volvió para el campamento y le explicó como loco a la maestra que los niños habían desaparecido.
– Oh, no, ya me temía esto, dijo la maestra
– ¿Qué? , preguntó Max
La maestra entonces comenzó a explicar:
– Es que han sido elegidos y… no, no importa, lo importante es que se están enfrentando a una terrible maldición.
 Empezaba a anochecer y donde estaban los niños ya casi no se veía. Melanis sugirió hacer una fogata y entre todos buscaron maderas para hacerla.
– ¡Por fin tenemos luz! , exclamó Claudia
De pronto, de la oscuridad se oyó una voz:
– Sálvenme, mi papá lo necesita, por favor, ayúdenme
– ¿Qué fue eso? – preguntó Isabel asustada
– Parece una niña llorando, respondió Daniel.   
Mientras, en el campamento, Max  dormía cuando oyó una voz que le decía:
-Max, únete a los demás, no están muy lejos de aquí, ayúdame
-¿Quién eres? ,  preguntó el niño
-Yo soy Flavia, respondió la voz.   
Max gritó y la maestra le preguntó:
-¿Qué ocurre?
– No se lo va a imaginar, maestra
– Dime, ¿qué es lo que pasa?
Cuando Max le explicó, la maestra decidió contarlo todo.
– Bueno, creo que no puedo esconderlo más. Mira, hace años, el chofer desaparecido perdió a una hija en un accidente y dice que hay una cura para recuperar a su niña, pero que él solo no podría hacerlo, así que eligió a tus amigos para ayudarlo y no los han encontrado, ni a él, ni a la cura porque falta uno, ¡tú! así que, ve y alcánzalos, que por la mañana estarás junto a ellos.
Al día siguiente en el bosque, Daniel, Claudia, Melanis, Isabel y Diego se habían levantado.
– Llevamos medio día y una noche y no los encontramos, dijo Daniel
– Es cierto- afirmó Isabel- deberíamos dejar de buscar y volver al campamento.
Diego empezó a quejarse de que tenía mucha hambre y decidieron regresar, cuando de nuevo escucharon la voz:
 – Noooooooooo
En eso, llegó Max corriendo y muy apurado les contó la verdad.
 – Pero no sabemos qué hacer…- dijo Isabel
– Sí, es cierto- respondió Max
De pronto, una fuente empezó a cantar.
– ¡Acérquense a mí! No tengan miedo, yo les diré qué hacer: en el centro del bosque hay una pócima, busquen y busquen entre las hierbas y triunfarán.
Los niños no podían creerlo, pero como era la única forma de encontrar la cura, le hicieron caso.
– Pero ¿qué pasará cuando todos tengamos mucha hambre?- preguntó Diego
Max buscó unos panes con mayonesa en la mochila, pero no encontró nada.
– No, no, ¿dónde están los panes?
La voz de Flavia se escuchó entonces:
– Con tanto apuro se te olvidó cogerlos, pero les daré a cada uno un pan.
Daniel dijo entonces:
– Podemos pedir que revivas…
– Es una lástima, pero así, no.  Coman primero sus panes – respondió Flavia
En eso apareció un hombre al que todos reconocieron como el chofer, el papá de Flavia. Tras saludar a los elegidos, el chofer les explicó:
– Para encontrar la cura deben pasar tres pruebas
– ¿Cómo que tres pruebas?
– Bueno, necesito tres ingredientes para hacer la pócima y justamente los elegí a ustedes para prepararla. Primero les diré qué tienen que hacer para encontrar el primer ingrediente. Es una planta que se diferencia de las demás porque es más bonita, deben seguir en línea recta hasta que ustedes mismos la distingan. Cuando la tengan, métanla en sus mochilas y vengan aquí para encontrarse con la fuente que les dirá lo que tienen que hacer para encontrar el segundo.
– ¿Y qué pasa con el tercero?- preguntó Daniel
– Eso es problema de ustedes, Daniel
– Un momento, ¿cómo sabes mi nombre?
– Me sé el nombre de todos – y añadió, ya yéndose – ¡Suerte!
-Bueno, andando, caminemos en línea recta.- dijo Max
De pronto vieron una planta llena de las flores más bellas del bosque, por lo que Daniel dijo:
– Tiene que ser ésta porque es la planta más hermosa que he visto en toda mi vida.
Y arrancó una flor
– Esto fue fácil- dijo Claudia
Salieron corriendo como locos hasta llegar a la fuente.
 – Fuente- la llamó Diego- ya tenemos la planta ¿qué debemos hacer?
La fuente no respondió
¿Qué es lo que ocurre? Se preguntaron todos hasta que escucharon nuevamente la voz de Flavia
–  Deben desear…
Daniel le pidió entonces:
– Fuente, por favor, dinos qué tenemos que hacer para encontrar el próximo ingrediente.
– El próximo ingrediente lo encontrarán en lo más profundo del bosque, es una roca caliente y grande, demorarán mucho en hallarla. No es una tarea fácil. ¡Ah! Lo mejor será que no vuelvan a buscarme.
– Confío en ustedes, amigos – se escuchó decir a Flavia.
Salieron caminando. Ya casi anochecía y no habían encontrado nada. Estaban todos cansados, decidieron parar y pasar la noche.
De pronto, de entre los árboles salió un enanito que dijo:
-Hola, mi nombre es Pink
Los niños se sobresaltaron pero Pink les explicó:
– Sí, soy un duende y he venido para guiarlos
Diego le respondió:
– Bueno, pues has llegado justo a tiempo, estamos perdidos y no sabemos por donde ir
– Ahora lo que tienen que hacer es descansar- dijo Pink   
Se acostaron y durmieron tranquilamente   
Diego se despertó asustado y dijo temblando:
– He tenido un terrible sueño, algo muy raro, es como si Flavia me hubiera dicho que la piedra estaba cerca y que la encontraríamos sólo deseándolo.
– Deseo entonces que encontremos la piedra ahora- dijo Max
Entonces volvieron a escuchar la voz de Flavia
– Excelente, la piedra se encuentra a 20 pasos de ustedes
Pink se puso delante y todos se pusieron a contar 1, 2,3…………20
Entonces Max vio una roca más o menos de 20 cm. y se acercó a ella y gritó:
– ¡Chicos! Creo que sea ésta.
– ¡Un momento!- advirtió Pink- no la toques, si es ésa, estará caliente y te quemarás, mejor lo hago yo que soy inmortal y no siento el dolor.
Apartó a Max y extendió el brazo, la tomó y la metió en la mochila de Daniel que era la que estaba más cerca.
Entonces volvieron a escuchar a Flavia
– Escuchen, ya está mi poción, ahora lo que tienen que hacer es buscar a mi papá, él está en lo último del bosque, cuando los vea saldrá de donde está y vendrá con ustedes para preparar la poción.
– ¡Pero no tenemos el tercer ingrediente! – recordó Daniel
– No hay tercer ingrediente, era solo para probar que ustedes eran dignos de tener el puesto de elegidos, ¡apúrense!
Salieron corriendo y casi al final del bosque por un camino apareció el chofer.
– No lo puedo creer, lo han conseguido, muchas gracias, elegidos. Ahora síganme al lugar donde reviviremos a mi hija, vamos.
Todos salieron corriendo y llegaron hasta un árbol enorme.
– Bien, denme la piedra- dijo el chofer.
Daniel sacó la piedra de su mochila y se la entregó
– Ahora necesito la planta.
Melanis cogió su mochila y sacó las flores, el chofer las tomó y las puso encima de la piedra; de su bolsillo sacó una bolsita con un polvo que echó encima de todo.
– ¡Oh, gran espíritu del bien, revive a mi hija Flavia y devuélvemela!
De pronto el gran árbol brilló tanto como el sol y detrás de él salió una niña más o menos de la edad de ellos.
– ¡Es bellísima!- exclamaron todos
Flavia se acercó a ellos y les dijo:
– Gracias elegidos, ¿qué podemos hacer para recompensarlos?
Todos se miraron entre sí y asintieron con la cabeza y Daniel dijo:
– ¿Podrían llevarnos al campamento?
– Claro que sí, – respondió Flavia- sólo cierren los ojos
Así lo hicieron y de pronto se vieron  en el campamento
– ¡Sí, lo logramos, estamos en el campamento! – gritaron felices.
La maestra los oyó y vino corriendo
– ¡Que bueno que están bien- dijo llorando y abrazándolos – nunca jamás dejaré que nada les pase, ahora mismo se lavarán y comerán tranquilos.
Y así volvieron felices a sus casas.
FIN
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Editor

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Cifuentes, Villa Clara,1985. Coordinador de la Red Social Haciendo Almas

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