Donde cuento, por Jesús García Clavijo (22-06-11)

Publicado por Raidel

Enviado y escrito por Jesús García Clavijo

 

NOVIEMBRE 18
Hoy nací -18 de noviembre- y con esa justificación festejamos en casa.
Eso me llevó a las fiestas de mi niñez -buena por cierto-, rodeada de cariños, gustos, viajes y fiestas -quien tenía dinero la pasaba bien por lo general- y mi padre tenía, facilitándole sus relaciones con altas esferas sociales de la isla y siendo todo un personaje en la provincia -aclaro lejos de la política- aspectos que solo trataba a solas con los más allegados que no éramos muchos.
Una de las familias más influyentes en todas las esferas de la región era la familia equis, y cubrían prácticamente todo el oriente cubano en sus diferentes ramas y hasta parte de La Habana. Vivían cerca de casa y eran muy amigos de mis padres, por lo tanto, allá van los muchachos a todas las fiestas de grandes, donde siempre, cuando íbamos a la casa de equis, estaba la niña Fe vestida bellamente en medio del salón, con un lazo del mismo color que su vestido en la cabeza y todos debíamos, (por educación según normas de mis padres) celebrar a la niña que no crecía en tantos años de fiestas, porque Fe era el punto débil de la familia equis, era enana y sus padres la llenaron de todos mimos y gustos durante sus vidas, sin prever los después.
El tiempo pasa y se fueron sus padres de este mundo, Fe se quedó sola, abandonada, tirada por las calles como una vagabunda, pidiendo limosnas y así murió toda la fortuna de esa familia de mi infancia.
De ella me acordaba hoy cuando todos halagaban a Irenita, sinceramente, nadie por compromiso, pero la mente es así y así llegó esa estampa de mi infancia, cuando a Fe se le prolongó el ayuno de sus padres.
El ayuno de los padres va dejando un gran vacío.
También me acordé de mis padres que se conocieron en un hospital donde mi abuelo por parte de padre, estaba ingresado debido a un accidente de tránsito.
En ese mismo hospital nacería yo dos años después.
Mi mamá era enfermera, mi papá un enamorado eterno, y como todo enamorado, estaba herido de amor cuando conoció a mi mamá, que era una cura, para todas las enfermedades del alma.
Siempre hablo bien de mis padres por lo sinvergüenzas que fueron para la época, aspecto que agradezco eternamente. Hoy se les llamaría adelantados.
El embarazo de mi madre fue un semi escándalo que se tapó con la boda, cuando yo tenía dos meses en su barriga, por lo que aparezco en todos los controles como sietemesino.
Para colmo fui cesárea porque era muy grande y no salía, lo que trajo ciertos comentarios, que la familia se apuró en decir que fue por otros problemas.
Coincidentemente nací en noviembre, al parecer como saludo al encuentro de mis padres en el hospital.
Por todo esto soy un sietemesino que nací casi con dientes, corriendo y con ciertos guiños de las comadres de esos tiempos.
Soy un sietemesino agradecido. Agradecido sobre todo por nacer de unos padres tan maravillosos, un día de noviembre que llovía y mi abuela me fue a recoger, con un solecito tenue que dejaba los motivos, hasta llegar a este día -donde nos reunimos tanta gente buena- para festejar el premio de Reinaldo, los dibujos de mi hija y el parto de mi madre.
Debiera hoy ser aquel noviembre, pensaba, -medio frío- para que mis padres me abracen todo el día.

 

BENEDETTI
Don Brenno y Matilde debían ser muy felices cuando nos dieron a Mario Benedetti el 14 de septiembre de 1920, quien luego tuvo la mala costumbre de andar metido en muchos cuartos de muchos amores, o entre muchos amores sin cuartos, o en amores que no por obligación fueron a cuartos. No sé, pero en mis amores siempre estuvo entrometido desde que lo conocí y perseguí sus escritos y sus libros con las mismas fuerzas que perseguía al amor. Desde entonces han sido mis amigos inseparables.
Dentro de horas todos los titulares dirán que Mario Benedetti murió en Montevideo, pero no dirán que yo presentía la noticia, con el mismo dolor que he presentido la partida de algún ser querido. Mario era mi amigo en lo más intimo, aunque él no lo supiera realmente, es común no decirle a los vivos lo bueno que son en lo que hacen o lo importante que son en nuestras vidas. Es una cosa comúnmente mala, a la cual no me sumo y digo a cada uno, siempre, lo importante que son y lo agradecido que les estoy, pero se me fue Mario y ahora queda el espacio vacío que nos dijo Cortés.
Alberto es un amigo que perseguía los libros de Benedetti como yo, sus poemas sueltos y sus ensayos en la revista Casa de las Américas. Me llamó y me dejó la noticia como un suspiro.
Pero a Benedetti no podrán enterrarlo hoy, ya es lunes; entre otras cosas porque era amigo de Cuba, acá vivió y nos defendió con la claridad de sus ideas políticas que jamás ocultó y lo llevó al exilio por muchos años, en Cuba encontró hogar, para honrarnos con su obra.
Nunca amo sin un pedazo de poesía entre las sábanas.
Lucy, que vivía con su abuelo muy viejo y alcohólico, en una casa enorme, me invitaba a conversar de sus tormentos amorosos, siempre en la sala de su casa. Realmente, Lucy era sólo Lucy, pero una noche me invitó a su cuarto y detrás de la puerta que cerró, estaba a todo lo largo un poema tremendo de Benedetti que se llama Inventario:… no te quedes inmóvil al borde del camino/ no te duermas sin sueño/ no ames con desgano/ no te salves ahora ni nunca/ no te salves/ Pero si pese a todo no puedes evitarlo/ y te duermes sin sueño/ y amas sin desgano/ y te quedas inmóvil al borde del camino/ y te salvas/ entonces/ no te quedes conmigo… así más o menos decía aquel largo poema que leí muchas madrugadas desde los senos apurados de Lucy. Se fue de Cuba, antes me regaló aquel pergamino con el poema que decíamos como un Ave María, cada noche de encuentros tras las puertas.
Benedetti me sacó de apuros, su poesía me devolvía al mundo de los sentimientos cuando golpeado por las cosas de mortales, me sentía decaer por la ausencia de un amor, o su partida.
Uno siempre sufre las partidas, aunque no las diga, como extraña las playas y la arena.
… El amor es una bahía linda y misteriosa/ donde los barcos vienen y se van/ pero tú, por favor/ no te vayas… así decía otro poema que recitaba en mis madrugadas de conquistas adolescente adulto, realmente nunca tuve adolescencia, pasé de la infancia a mil responsabilidades que no me dejaron libre esa etapa de conquistas, fui un adolescente adulto, lo que me desquito ahora con la vida siendo un adulto que ama como adolescente, y lo peor es que me lo creo.
Pero además, Benedetti tiene uno de los libros de cabecera mío, La tregua, una novela tan amplia que de todos nosotros tiene algo escondido en cada página del diario, es un libro en forma de diario. Muy original, cito varias veces ese texto en mis conferencias y mis artículos. En La tregua encontraba mucho de mí, encuentro, hoy lo comencé a releer en honor al amigo que lo escribió. Uno vuelve a los libros para encontrarse en el tiempo y se sorprende.
En Cuba atendí a un escritor uruguayo, escribíamos a cuatro manos una página entera en un diario de su país que me daba mucho placer hacerlo, y un día me dijo que Benedetti le había comentado sobre mí. No le pregunté qué Benedetti, preferí creerme que era Mario, pero también podría ser Paquito Benedetti el que repartía la prensa en los cerros de Uruguay y me envío un peine de regalo cuando un amigo vino a Cuba a escribir convenios por quince días y se enamoró, y paró durmiendo sin dinero en la sala de mi casa porque una mulata santiaguera lo dejó así, sin pasajes de regreso a su Uruguay y nos pasábamos las madrugadas llorando su desgracia entre cervezas, poemas de Benedetti, Mario, y canciones de un grupo uruguayo que canta muy lindo, Los Nocheros, y muchas veces leíamos La tregua, o algún poema de su amigo Mario Benedetti, más o menos contemporáneo con él.
Ante la duda de cuál Benedetti le había hablado de mis artículos, preferí ni preguntar y creerme, orgullo interior, que fue Mario.
La Tregua, no les dije, es de amor, una historia bella de amor. En un texto entre la pareja dice ella: …pero hay que comprender que la mujer identifica el sexo con la conciencia, allí puede estar la peor culpa, la mayor felicidad, el problema más arduo…
Busqué en el libro la fecha de hoy, 17 de mayo, y es precisamente en que él le declara su amor a ella y ella lo acepta, pero de una forma muy peculiar de hacerlo ambos.
Es de esa forma peculiar que debe siempre existir el amor.
Llueve ahora, como todo el día pero la lluvia de la madrugada es distinta, la lluvia fue un personaje recurrente en la obra de Benedetti.
Hoy escribí a una amiga que me gusta el milagro de la lluvia.
Ojalá lean la tregua, y admiren a su autor, y amen con él, o se encuentren un poema suyo colgado detrás de la puerta de un cuarto que se desnuda, o se sorprendan con un barco y una bahía, donde pidan por favor, al amor, que no se vaya.

EL AMOR
Todos los días deben ser febreros de amor. El amor es tremendo.
…Nada en este mundo es más difícil que el amor… escribió Gabriel García Márquez.
Aparece y entusiasma en cualquier estación; nos encuentra dispuestos, nos define capaces cuando une y convierte.
Anida en un rayito de sol, en la nube o la llovizna.
Desordena los mil mundos, no soporta las paredes, sale, vuela y vuela, nos lleva dentro y nos saca a la luz, otros y nuevos. Felices.
Cuando se habla del amor se estremecen los miocardios y mil nombres aletean la memoria.
Hace un año escribió una carta para un día como hoy.
Un amor de todavía aunque se pensara en algún amor de entonces.
El amor no pasa, nos hace jugar todos los días con la luz del universo.Alguien escribió un poema. El poema tiene también su larga estación, un milagro tierno, una gota de luna en cada verso, una estrella que nos mira después de mirarla tanto.
El amor no tiene edad, cualquier día es bueno para lanzarse a su encuentro y compartir un poco de esperanza. Mienten los que dicen que lo olvidan.
Una flor, una música, una ventana abierta, una esquina cómplice, nos hacen volver y volver a lugares amados de nuestra memoria y somos otros y los mismos de ayer.
Felices los que amaron porque alguna vez soltaron todas sus palomas y una era la paloma del amor.
Ahora es una suave melodía, un retoño tierno, blanco, siempre blanco, un delicado galopar sobre la mente.
Hace un año y parece hoy que recibí su carta, con un amor de usted, escrita delicadamente como en un pétalo.
Ahora le contesto por la fecha y le regalo el milagro de la lluvia, su tintinear sobre los techos, su viaje a las raíces de las rosas; esas rosas que florecerán siempre para que viva, tierno y alegre, junto a ellas

El Amor.

 

Edición: Lina González Maglum
Corrección: Irene Cruz Martínez
Diseño: Jesús García Clavijo
Ilustración: Historias de estrellas. Irene García Cruz. Cuba.

© Jesús García Clavijo.2011.
© Sobre la presente edición:
Ediciones Catedral, 2011.

CENTRO PROVINCIAL DE CASAS DE CULTURA
COLECCIÓN PLEGABLE

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