Castillo (20-06-11)

Publicado por Eteivi.

Nuestra amiga Marié, nos deja este hermoso texto para disfrutar!

CASTILLO 

A mi hija Sarah, que hoy está creciendo…


Cada verano, en la calle que me vio nacer, aguardaba impaciente los camiones de la poda. Veía caer las frondas de mi amado almendro, segura de que no le dolían, porque era como cuando cortaban las puntas de mis largos cabellos; una forma de ayudarlos a crecer más fuertes. 

Llegaba el momento de arrastrar las ramas a mi patio, ayudada por mi abuelo. Hacer con ellas un castillo, descubrir la luz filtrándose a través de sus oquedades, los cambios que operaba la magia en la piel de una lagartija, el brillo de un insecto; el olor, el increíble aroma de la savia truncada, el suave andar de la cochinilla en la palma de mi mano… 

Un día. Un día entero en el trono, recibiendo la visita de mis ilustres amistades, los niños del barrio. A la mañana siguiente, las ramas eran echadas al basurero. 

Nadie tiene idea de lo que se puede hacer en una jornada dentro de una fortaleza de hojas, si no ha permanecido tanto tiempo en una: Merendar, en dependencia del menú y de las hormigas. Jugar, los soldados de plomo de mi primo Rolando se intercambiaban con piezas de mi juego de té o animales de granja traídos por Renay; dos jirafas de Carlota pastaban junto a los renos que heredé de las navidades de mi hermano. Hacer cuentos. Preparar extrañas alquimias con hierbas y flores. Soñar…

Verde fortín donde era reina, ama, gobernanta de un mundo solo mío, tan efímero como un giro de la Tierra. Repetible cada año, esperado como se esperan las lluvias y el florecimiento de las cosechas. Tan constante en su llegada que pudo parecer infinito, en aquellos momentos en que el tiempo parecía no transcurrir y desesperábamos por crecer, hacernos mayores, tener nuestros propios dominios.

Un día, sin que mediase una razón, no hubo más palacio de hojas. Las ramas cortadas permanecieron en espera del camión que venía tras el de los podadores a recogerlas. Ni siquiera me di cuenta de que había transcurrido el momento de construir mi castillo, estaba demasiado sumida en pensamientos de otra índole…

Había dejado de ser princesa.

Marié Rojas Tamayo
(versión del relato publicado en el libro “De príncipes y princesas”, editorial El Far, Mallorca).
Dibujo de Ray Respall Rojas

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