textos de Masiel Oropesa Rodriguez (01-03-11)

hola ludovico, espero estes bien, he estado recibiendo tus mensajes y me alegra mucho,ya habiamos platicado sobre mi labor de escritora y mi peña M2 que comparto con otra escritora que tiene mi mismo nombre, o sea ambas nos llamamos Massiel,asi que trabajamos con niños,hacemos lecturas,jugamos a las adivinanzas,juegos de participacion,entregamos afiches, libros,somos niños tambien con ellos porque nos sumamos a sus actividades, sin protocolo de escritores,sin un guion, asi de forma improvisada disfrutamos cada encuentro con los principes enanos.
te envio algo de mis escritos,de narrativa(basada en hecho real) que te pongo como adjunto y poesia,que quiero compartir contigo en este proyecto haciendo almas y con tus colegas.
un abrazo

Massiel Oropesa Rodriguez
nomina@eipi.ca.hidro.cu
Escritora de literatura infantil
Ciego de Avila

La noche.
Al anochecer
Y por los tejados
Alumbra la luna
Con velo plateado
Con velo plateado
Se abre el jazmín
Dándole a la noche
Un dulce matiz
El limonero
Las hojas del limonero
Verdes como la mañana
Dulce al viento se agitan
Dando una dulce fragancia.
Cuando llega ya la tarde
Aroman la tarde clara
Dejando ver ricos frutos
Para hacer la limonada.

Añoranza

No sabia si en verdad aquel pino era el mismo de hace treinta años, y soñaba con ser veterinaria, pues era una apasionada por los animales, pero recuerda que entonces era ella muy pequeñita y que solía jugar cerca de aquella plantita.

Allí donde está ahora la cafetería estaba el solar donde vivía Carlos Manuel, aquel niño trigueño de solo siete años, que era su mejor amiguito en el aula.

Un poco mas adelante el puesto de barquillos que en nada se parecen a los de ahora, aquellos eran mas ricos,  donde también su papá era dependiente gastronómico.en aquel lugar solía pasar largo rato acompañando a su papá, que le daba  empanadas rellenas con picadillo que tanto le gustaban, él solía decirle que comiera bastante para que engordara por que estaba muy flaquita. Prefería el chocolate o la vainilla chip porque esos trocitos de chocolate eran deliciosos.

Una cuadra mas allá estaba el área donde practicaban atletismo, complexión física le sobraba, pero le faltaba velocidad.

¡Cuantos recuerdos!

Habían pasado  muchos años lejos de su terruño y los recuerdos afloraban como si su niñez estuviera ahí ante sus ojos de niña, muy vivaracha diciendo buenos días a los vecinos cuando iba camino de la escuela.

-niña apúrate, lávate los dientes y la cara que se hace tarde.

-voy mamá ya estoy casi lista.

Ante sus ojos el recuerdo de la casita de madera, el techo de cartón muy humilde y la vecina Dalia que le sacaba los dientecitos amarrándole un hilo cuando comenzaron a aflojarse.

Sus andanzas por el potrero de Castro como le decían los chicos del barrio, donde había una laguna y una mata de guira, en la que siempre quería subirse a ver como los muchachos cogían batatas como ella siempre llamó a aquellos pequeños camaroncitos de agua dulce.

También en aquel lugar jugaba a las bolas con los varones, Mandy, Mongui, Orlando y Riqui que era más pequeño que ella pero igual de travieso, que la enseñaron a empinar papalotes y picarlos con cuchillas sobre todo los papalotes de los chicos que vivían al otro lado de la línea del ferrocarril que estaba frente a su casa.

Sí, la línea del ferrocarril, como siempre, por la que tantas veces cruzó al otro lado a la casa de su papá, que se mudó allí después del divorcio, donde vivía también su abuela paterna y su hermana Marta, esa línea por donde los carros de trenes iban llenos de caña y que ella y sus amigos, recogían siempre que alguna caía del tren.

………Y estaba aun en el mismo lugar la mata de mangos que estaba al fondo, en el patio de su casa, aquella mata en la que tantas y tantas veces se subía a recoger los frutos maduros. Esta mata no solo le sirvió para comer mangos sino que allí se subía cuando su mamá le quería dar con aquellas maticas de escoba amarga por alguna travesura hecha, y que eran bastante seguidas, y no se bajaba hasta que no le prometía que no le iba a pegar.

La cañada, ahora estaba un poco más ancha por que la tierra fue cayendo en las orillas, y  ahí está el tubo que pasaba el agua potable  de un lado a la  otra orilla de la cañada, y el que ella cruzaba de pie o a gatas, toda una hazaña de su niñez.

Su mamá la llevaba a la escuela, pues era pequeña y la distancia era de ocho cuadras más o menos.

Aquella escuela pequeña, con el techo alto y la maestra de segundo grado, – Irma se llamaba-,  los chiquillos del aula, los libros y las primeras letras.

Recuerda el día que hizo la composición sobre el avión de Barbados, desde lo más profundo de sus ocho años hizo una linda composición.la asignatura se llamaba Expresión, la felicitaron, si……………….como olvidar.

Luego cuando vino el tercer grado y los amigos y ella fueron trasladados a un seminternado más amplio pues aquella escuelita sería una escuela especial para niños con retraso escolar.

– ¡Que grande la nueva escuela!

Con un bonito comedor, diseños antiguos, según supo después había sido un colegio de monjas o algo así. Estaban también aquellas meriendas, ella siempre quería panetelas borrachas, los polvorones y los mata hambre eran muy secos.

Que decir de las carreras en sacos, o montar aquellos zancos, se divertía y era feliz.

Luego llegó la secundaria, el cambio, los nuevos amigos, María Eugenia y Maida, la primera grande de estatura y un corazón de ángel, la segunda ingenua, buena amiga, luego el politécnico de economía, allí estaba Odalis su amiga inseparable, hicieron hasta la tesis juntas, y pasaban las vacaciones en el campo allá por Managuaco una comunidad en Santi Spiritus en un lugar campestre con un encanto sublime y como le gustaba montar a caballo. Vuelve a aquella calle donde estudió Finanzas  y se graduó,

Los paseos un poco mas allá en el parque Martí junto a las chicas de su edad, recuerda que era muy pobre y a veces no tenía la ropa apropiada  para salir a la altura de sus amiguitas y esto la hacia sentir mal.

Si, aquellas calles eran un pedazo de su vida, el mundo que recorrió a diario y que hoy aunque transformado evoca cada rincón de la niñez y la adolescencia.

Ahora está parada frente al policlinico donde tantas veces lloró ante una vacuna, un poco más allá donde era la fábrica de cerámica ahora se alza un restaurante de comidas italianas.

La realidad le dice que el presente regresa a ella, todo ha cambiado muy a su pesar, pero no es como aquí, extraña el olor del café de su abuela o el gallo del patio cantando y como quisiera saborear la yuca con mojo que preparaba su abuelita María allá en Río Grande cuando iba de vacaciones.

Camina un poco mas quiere empapar sus ojos de cada pedacito que no veía hacia tanto tiempo, el zoológico siempre escaso de animales, aquellas canalitas o el puentecito por el  que siempre quería subir.

A pesar de que donde vive ahora tiene su propio auto, añora aquella bicicleta que se ponchaba a menudo.

Ahora trabaja en una bonita agencia de viajes, tiene muchos canales de televisión, pero quisiera ver antes de irse los muñequitos de Chuncha.

Camina un poco mas y allí está el palacio de los matrimonios, y evoca el día en que vestida de blanco de la mano de su Papá recorrió el trayecto hasta la mano del que sería su esposo, las fotos, la alegría, la magia que emanaba de aquel lugar la transportó a un recuerdo idílico, bonito por demás, ……………no había olvidado.

Recorre muchas calles y en cada una de ellas un recuerdo, ahora contempla el Hospital provincial, recordando el día que con nueve meses de embarazo ingresó por que su presión era alta y estaba en la fecha fijada para parir, y donde dieciséis días después le practicaban una cesárea, la emoción de ver nacer a su hijito, su mayor amor.

Desanda el camino y esta en aquella casa donde vivió alquilada después de su divorcio, los meses allí vividos y el recuerdo de su Tío Reinaldo, hermano de su papá, que la trataba muy bien a ella y a su hijo de apenas un  año y medio, pero también recuerda el día en que la mujer de su tío mandó los albañiles a derrumbar las ventanas para hacer nuevos trabajos y cuando ella llegó del trabajo, tenia escombros hasta en la cuna, como olvidar que era un día muy frío y  a esa hora casi nocturna en que llegaba del trabajo, tubo que salir a buscar quien le hiciera la mudada.

La mudada a la sala de aquella casa donde siempre vivió y que era propiedad actual de su hermano, pues su mamá no previó el futuro, donde su hermano no la quería y donde la hizo pasar tan tristes momentos.

Esa casa es un mal recuerdo, una triste historia, allí vivió los más tristes días de su vida, las humillaciones mayores y las penas mas inmensas que jamas pudo creer existieran

Esta añoranza por lo que ya no está la hace sentir el pecho apretado, recuerda cosas alegres, evoca el pasado que está ahí como la espada de Damócles en su cabeza, un pasado enraizado en su vida y en su mente.

Su mente que vuela y piensa en aquellos días en que iba de playa en aquellos camiones que hoy le parecen tan incómodos, hasta Ancón, a disfrutar del mar, del sol, la vida.

Camina hasta el último lugar de su recorrido, donde no desea entrar por que es demasiado triste.

Esta parada frente  a la casa donde vivía su Papá, donde pasó sus últimos días de vida después de aquella penosa enfermedad que padeció y que lo llevó a una muerte muy triste, demasiado dolorosa como no la merecía.Su padre a quien tanto quiso. Y a quien nunca le dijo cuanto significaba para ella.

Regresa a la habitación que ha reservado en el Hotel y allí está su hijo esperándola, junto a su esposo, que disfrutan de un vídeo musical tan ensimismados que no la han visto llegar.

Ante la presencia de ella ambos le dan un beso y la abrazan sin preguntar nada.

– te esperábamos para ir a cenar…. le dice su esposo.
– te extrañamos dice su hijo.
–  me doy una ducha y estoy con ustedes en un minuto.

Unos minutos mas tarde, caminan hasta el restaurante, donde la mesa reservada exhibe un ramo de rosas con una tarjeta que dice:

‘”Para la mamita más bella y la mejor esposa.’’

Ella a cambio les regala el mejor de los besos a ambos y una sonrisa de felicidad plena.

José Miguel R. Ortiz

José Miguel R. Ortiz

Cifuentes, Villa Clara,1985. Creador y editor de este blog desde 2006 hasta hoy. WhatsApp +53 58298396 / Correo: z@halmas.org "Hay un momento para dejar de buscar miel y convertirse en abeja"

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