Cartas al Duende 4 (11-03-10)

Febrero, 2010.

Mi querido duende:

Te regalo este cuento que inventé anoche cuando te vi dormido, es la primera vez que yo te cuido a ti porque siempre tú esperas que yo me duerma primero. Por eso te regalo este cuento que se llama “El libro de Oro”.

Había una vez una niña que quería mucho a su papá porque le regalaba muchos libros, pero un día se apareció con uno de oro. La niña se asombró porque brillaba mucho y el padre le enseñó que era muy valioso. Traía cuentos, poesías, prosa y otras cosas. La niña salió corriendo a su cuarto y lo leyó. Al poco rato la niña habló con sus amigos y les enseñó lo que traía el libro y les dijo que brillaba tanto porque lo escribió José Martí. La niña guardó el libro junto a su corazón igual que el beso que yo te voy a dar en la frente,  mi duende.

Ailyn.

Ailyn García Echeverría
8 años. Ciego de Ávila. Escuela José de la Luz y Caballero

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A mi duende que se llama Miguelito:

Espero que cuando recibas mi cartica estés bien, aunque hace mucho tiempo que no recibo noticias tuyas. Me imagino que otra niña u otro niño  te estén regalando libros, abrazos y cariño, porque están más cerca de ti, pero eso no importa, tú siempre serás mi duende. Cuando yo tengo un problema me digo: seguro Miguelito me ayuda a resolverlo, y se resuelve al minuto.

En el día del amor yo recuerdo que tú escribes poemas muy lindos, seguro que me escribes uno y lo mandas con una paloma o un unicornio como cuando me llegaban los libritos que me regalabas, aunque a veces venían en el bolso de mi mamá. El que más me gusta es el que me regalaste el día que nació el Che. Yo estoy estudiando mucho y preparándome para ser artista, y estoy segura que tú dondequiera que estés, estás orgulloso de ser mi duende verde, con barbita y botas.

Te quiere Albita.

Alba M. Lemos Torres.
10 años. Ciego de Ávila

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Carta a un duende
Ciego de Ávila, 8 de febrero de 2010.
A ti:

Que no te conozco, no sé tu nombre. A ti que todos te pasan por el lado con lástima, asco o desprecio. Que mientras puedes ser la mejor de las abuelas, la más linda, limpia, dulce; andas siempre humilde, con la misma ropa, despeinada, cargada de bultos.

Pienso que en las noches frías te hará falta un abrigo, una casa. Nunca te he visto pasar con tus nietos, o tu hijo, agarrada de su brazo ¿será que no tienes familia? ¿Será que nunca te han dado amor? ¿Será que la vida no te dio la oportunidad de ser como los demás? ¿O al menos tener tu mente clara para pensar? Me pregunto ¿cómo vivirás? Debajo de un puente, en una calle oscura, en un rincón donde nadie te vea, con pena de vivir ¿Cómo aguantas el peso de tus años, andando y andando?

Desde pequeña te observo. Los demás te tenían miedo. Un día me acerqué tanto que me tocaste la cabeza y sonreíste. Lloré por la noche porque casi todos te rechazan, corren y piensan que estás loca. Nunca te he visto en el parque por las tardes, ni en un restaurante o en el Coopelia. Ni siquiera montas en la guagua.

Anoche soñé que estabas vestida de blanco, muy limpia, peinada, con zapatos lindos, y esa colonia que usa mi abuela cuando la llevan a pasear. Todos te saludaban y tú les sonreías.

Para ti abuela que no tienes otra familia que la tristeza, la soledad y la pobreza, te envío esta carta para que sepas que muchos niños también te queremos, ¡porque tu corazón es muy limpio!

Yilia.

Yilia Raquel Lozada Ulloa.
11 años. Ciego de Ávila. Escuela Agustín Farabundo Martí

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Querido amigo:

Siempre tan silencioso al entrar. Al principio me asusté, después me di cuenta que solo eras un gran amigo. Tu nombre fue difícil de aprender, es más, yo no me lo aprendí nunca. Hasta un día que me dijiste que te llamara amigo.

Se que es raro pero me doy cuenta que solo aparecías en los momentos difíciles, como cuando mis padres se fueron, cuando me enfermaba o cuando tenía problemas en la escuela. Siempre que te veía aparecías en blanco y negro y yo te preguntaba por qué, siempre me decías: “Ten paciencia, algún día lo sabrás”

Al poco tiempo te pregunté quién eras. Me asombré porque fue la única pregunta que me respondiste. Me dijiste que eras un muñeco de fantasía y que vivías en mi imaginación. Ya no vienes, tal vez es porque ya he mejorado en la escuela o porque ya falta poco para que mis padres me vean o porque ya casi no me enfermo. Pero yo nunca te olvidaré, aunque no vuelvas.

Te quiere con el alma, Lis

Lis del Carmen  Morales Hernández
9 años. Ciego de Ávila.

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Enviado por: Lic. Reina Torres Pérez
Coordinadora del Proyecto Alborada
Ciego de Ávila. Cuba
alboradapc@fcm.cav.sld.cu


osemi

José Miguel R. Ortiz. Cifuentes, Villa Clara,1985. Creador y editor de este blog desde 2006 hasta hoy. WhatsApp +53 58298396 / Correo: z@halmas.org "Hay un momento para dejar de buscar miel y convertirse en abeja"

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