Conjuros II (24-04-09)

Lilo nos envía estos textos, desde su corazón.

El día que me quieras…

Imagino que un día tendrá tiempo suficiente para dedicármelo. Y cuando digo tiempo no me refiero a una tarde o una noche, que más o menos vienen siendo 4 horas…Me figuro que cuando suceda todo se detendrá y los oficios, responsabilidades y/o tareas carecerán de contenido, porque mientras no sea así mi día no llegará. Siempre hay algo que hacer, más importante…
Aunque lo parezca, no me quejo. He aprendido a disfrutar los segundos de compañía, comportándome como la mujer más plena que haya reconocido la historia de la humanidad. Para aliviar tensiones mezclo la fantasía con la realidad, para que no me declaren PPCP (Perdedora por cuenta propia). Mejor ni mirarme por dentro. Si me trago un espejo reflejaría la decepción viva, diluida en jugos gástricos. Pero respiro profundo, y termino la catarsis declamando a Claribel Alegría: “aunque dure un instante/ estás conmigo”.

No obstante sigo aspirando a más. Creo merecerlo y aguardo ansiosa. Sólo me agobia una duda, simple y llana, pero duda al fin, perturbadora: ¿me quedará amor para darle, el día que me quiera?

Lo que con furia comienza con furia termina.

Ojalá  no termine nunca. Pero bien he aprendido que nada es para siempre, aunque nos empeñemos lo indecible y la vida nos vaya en ello. Esta es la fase del idilio, donde tanto el uno, como la otra somos mortales perfectos e inmaculados, además de inocentes, hasta que  se demuestre lo contrario.

Al menos hemos ganado un alma más. Y es dulce escuchar su voz, acariciándome tanto como sus ojos o sus manos cuando me tienen al alcance. Siento que es una experiencia única para ambos. Mejor ni miramos el reloj. Hemos pactado ir con calma, despacio, sin sofocarnos. Es como si estuviéramos de aprendices o adolescentes, cuando hace ya algunos años que rebasamos esa etapa, pero es divinamente disfrutable el retorno o esta reminiscencia platónica.

De pronto me deja como la canción de moda, “con el destino quieto”. Está por partir por un tiempo impreciso e indefinido para mis antojos. Entonces si que me quedaré “con el destino quieto” hasta que vuelva, con un libro o dos publicados, muchos saberes y las ganas de sentirme como tojosa otra vez, anidando en su pecho… Vamos despacio, para que no termine con furia. Estábamos tan cerca y tan lejos, que casi parece mentira.

Te has convertido en mi mapa

De pronto pierdo el rumbo !Qué desatino! Encuentro mil opciones y se me aventuran unas ganas enormes de decirle sí a todo. Pero eso no puede ser. Estamos genéticamente diseñados para ir por pasos, sin violentar escaños. Viajando de lo conocido a lo desconocido, y tratando de aprovecharlo todo, aunque no de golpe y porrazo. Sin embargo, tengo miedo de que no me alcance el tiempo para hacer todo lo que quiero o lo que puedo. Por esa razón me abalanzo voraz, y lo mismo teorizo sobre Desarrollo Sostenible, que propongo nuevos conceptos de masculinidad, desde un enfoque de género.

Ahora, cuando experimento que la primera primavera se aleja, y que debo adoptar una postura más madura, me empeño en encontrar el sentido en los textos infantiles. Es como si allí estuviera la clave. Debe ser por la ternura y la inocencia que emana del imaginario de esos que alguna vez también fueron niños. Me pierdo y me hallo. Cuando no sucede apelo a él, siempre dispuesto (o disponible), a la sombra para no  privarme de la luz; atento y lacónico (como para que me dé un ataque de vez en vez). Se ha convertido en mi mapa, ese que consulto cuando estoy vencida. Yo también- como Frank Delgado- “espero que respete esa ley de recoger ilusos/que derivan en sus balsas”.

Flor y Colibrí

No creí que tuvieran tantas cosas en común. Debían haberse conocido 10 ó 15 años antes. No ahora, cuando todo o casi todo está dicho y hecho. Los miro desde mi balcón y me recuerdan otra historia, que podía ser la mía contada por alguien que no sea yo. Pero están viviendo la suya, a su manera. Se privilegian sabiéndose abducidos. Temen querer más de lo indicado y por eso si se rozan las manos, no se miran a los ojos. El panorama desde aquí es divino. Reconozco que la calma es aparente. En el silencio está acomodado el dilema de quién salva a quién, cuando en la vida real padecen las mismas carencias y sobrantes. Por eso se tienen, Dios sabrás hasta donde y hasta cuando.

Cambio el rumbo de la mirada y veo a un colibrí enfrascado en la tarea diaria de libar la flor. Ellos también son una pareja, y correrían la misma suerte si fuera necesario. Me gustaría tanto que nos viviéramos así, desde la audacia de amarnos libremente, sin hora ni lugar exacto…
”Yo soy el colibrí si tú me quieres/mi pasión es el torrente/y tú la flor”

Quien fuera…
 
Sé que me estás necesitando justo ahora, y que por cosas del destino yo estoy necesitándote igual de urgente. Parece que algo se ha destapado, y no quiero pensar que sea la caja de Pandora. Mira que con esa señora mejor nos reservamos, y no andamos de intrusos. Es algo más allá. De pronto se me agolpó en el pecho la nostalgia por no haberte dicho la última vez que nos vimos, que me importas mucho, que te quiero bien, y que aunque sé caminar y respirar por mí, cuando no estás lo hago muy mal.

Va cayendo la tarde, como otras tantas cosas que han caído (dígase el Muro de Berlín, por desgracia, o la manzana en la cabeza de Newton, por fortuna ), y desde aquí puedo imaginarte con la mirada perdida en el mar para ver si divisas a lo lejos una botella con mensaje incluido, descifrable desde la distancia: S.O.S RESCATAME!!!!
Me imaginas a mí hurgando en papeles y carpetas archivadas tus poemas más recientes o los primeros versos, para aliviarme este frenesí repentino que me mantiene afiebrada. Pensarte me da palpitaciones. Supongo que la próxima vez que me toques me preinfarte.

Hoy soñaré contigo. Tal vez tú no, pero me habrás pensado como mínimo una vez en el día, y estaremos a mano. Yo seguiré buscando una palabra en el umbral de tu misterio, o mejor, buscando melodía para tener cómo llamarte… “¿Quién fuera ruiseñor…? ¿Quién fuera tu trovador?”.

                                                                                Lilo

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Editor

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Cifuentes, Villa Clara,1985. Coordinador de la Red Social Haciendo Almas

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