Poemario “Palabras que laten: tal vez locura” (09-03-09)


Autor: Raidel Ramirez Nold,

a la mujer soñada… 

————————
Prólogo para amar
————————

Amo a una mujer valiente de pasión desenfrenada. Amo a una dulce y bella gitana que revuelve y desorbita lo que hace varias lunas creía yo que era enamorarse.

Que errado estaba; amar a una mujer como la que está abriendo mis ojos y sembrando inexploradas emociones que provocan nuevos y constantes temblores, son el aire verdadero que necesito como humano para vivir realmente y no como un simple hombre en su decursar por esta vida. No imaginaba que ese oxígeno existiera.

¿Qué hacer, si quiero humedecer mis labios con el néctar de los suyos? ¿Qué hacer si quiero recorrer todas las tonalidades de su olor en todos los rincones de su cuerpo? ¿Qué hacer si quiero oír la música tranquilizante de su voz? ¿Qué hacer si tengo en mi mente a todo momento, su mirada, su sonrisa, sus caricias, sus interrogantes? ¿Qué hacer, qué hacer…? si estoy amando a una mujer única en mi vida; si estoy besando los labios más hechiceros y provocativos a los que un hombre con el temple más impetuoso se  resquebrajaría.

Creo que no tengo otra respuesta posible para mi alma y mi cuerpo: seguir amando a esa mujer hasta que el fuego que ella provoca me devore hasta evaporar mis cenizas, y pienso que resurgiría como el fénix para volver a incendiarme. Quizás sea adictivo o nocivo, pero que mejor manera de morir que esta: envenenado de cariño y besos.

Que Dios me perdone y que la vida tenga clemencia de mí si estoy ciego y solo tengo ojos para ella. No me importa tener que rendir factura de mis actos y de mis deseos en la otra vida. Haría lo que fuera para explicarle al mismo demonio que el amor hacia a una mujer es el mejor de los energizantes en la faz de la Tierra, para remover montañas y enfrentar holocaustos sobrehumanos, y así y todo, seguir viviendo, pero apegado a esa fuente de energía.

Trato de negociar con las fuerzas impetuosas de los sismos que remueven todas las placas físicas de mi ser, para que reorienten todos los epicentros hacia zonas que permitan reanimar paciencia y ecuanimidad mientras no tenga cerca a esa diosa, a ese ángel que no deja de revoletear en mi pecho. Es un acuerdo bien complejo, que ni los mejores corredores de bolsa lograrían buenas acciones a favor de la paciencia.

El autor

————————
Plegaria a una gitana
————————

Bendita gitana,
gracias por hacer presencia en mi vida.
Bendita gitana,
gracias por atormentar mis horas.
Bendita gitana,
gracias por apoderarte de mis sueños.

Te ruego,
que me permitas tenderme ante el dulce y mortal veneno de tus labios.
Te ruego,
que no me dejes escapar de tu férrea trampa.
Te ruego,
que dispongas de mi vida, segundo tras segundo.
Te ruego,
que me permitas caer de rodillas bajo el hechizo de tus ojos.
Te imploro,
que me dejes sufrir, temblar, sollozar al tener tu presencia, al pensar en ti, al imaginarme tu sombra.

Y que la gracia de tu ternura embriagadora interceda por mí, ante Vida Nuestra Señora.
                                                                                                                                                  Amén

——————-
Onomástico
———————

Nace una niña, una princesa.
Nace una alegría inmensa para sus padres.
Nace una joven con una misión imponente:
demostrar que el amor remueve cimientos.
Nace una apasionada, una valiente:
nace una reina cubana.

Su realeza no es por herencia,
su realeza es por su estirpe.
Su realeza va con ella en todo momento,
porque le asienta, porque la transpira,
porque es suya por naturaleza.
Es reina sin saberlo, es reina sin desearlo.
No hay caballero que pueda negar su vida
a tan noble sencillez.
No existen sacrificios para el caballero.
Son deseos vibrantes de servir a la reina.

Es guía para los ciegos de amor.
Es resplandor que quema para los dispuesto a amar.
Ojala que no sienta piedad de las llagas
y que las brazas de sus destellos sigan quemando
hasta las mismas cenizas.
Este ardor, que es su aurora,
Es el astro rey de los que como yo,
viven avizorando la luz.

———-
Ya no
—————–

Se desencadena en mí
un terrible malestar.
Un temible espanto,
Que me presiona sin piedad.

Se desencadena en mí,
un deseo de poseer;
de amar a esa mujer
que en ocasiones lejos está.

Es, que no puedo ya mi amor,
ya no puedo estar sin ti,
ya no puedo respirar,
sino es el aire que me das.
Es querer trenzar mis manos,
en tu alma de sirena,
en tu alma que me quema,
en tu alma que desgarra,
todo aquello que creía,
que creía ilusión,
para forjarlo con amor,
para amoldarlo con pasión
y fundirlo en mi temblor.

Es la aflicción de besar,
unos labios que me atrapan.
Unos labios que me asustan
por tanta vida que me dan.

Es la asfixiante impaciencia,
de cuidar de sus sueños,
mientras sus pensamientos,
se acomodan en mi cuello.

Es, que no puedo ya mi amor,
ya no puedo estar sin ti,
ya no puedo respirar,
sino es el aire que me das.
Es querer trenzar mis manos,
en tu alma de sirena,
en tu alma que me quema,
en tu alma que desgarra,
todo aquello que creía,
que creía ilusión,
para forjarlo con amor,
para amoldarlo con pasión
y fundirlo en mi temblor.

————-
Mi jardín
——————

Una rosa hace presencia en mi jardín
Le gana mucho espacio al clavel
Celoso y angustiado el jazmín
Por aceptar la fragancia de un querubín.

Preocupadas están las flores
El jardinero solo atiende a la rosa
Agua en ocasiones
Cuidados y desvelos, para la rosa.

Acaricia sus pétalos
Comprende sus espinas
Recorre su tallo
Abraza con tierra sus raíces.

Las flores conocen ese aroma
Se impacientan, huele a amor
Lo han visto hablarle y besarla
Lo han escuchado nombrarla: Lucero.
 

————
La espera

———————–

Seis días han transcurrido de su valiente partida
Seis días que no provocan ninguna calma
Seis días, ciento cuarenta y cuatro horas, u ocho mil seis cientos cuarenta minutos
No importa en que unidad de tiempo me lo quiera plantear:
sigue siendo una cifra imposible de asimilar.

Sólo tengo el pequeño aliciente,
de que esta atormentadora cifra
irá desplazando a la otra infinidad,
llamada espera.

Sólo tengo el aliciente,
de tener a lo lejos a una mujer,
que me hace sudar,
sudar, cuando pienso en ella,
cuando la rememoro entre mis brazos.

Y sudo y tiemblo porque no logro ni deseo evacuar esos pensamientos:
Laten a cada segundo o a cada milésima de segundo
Tampoco sé en que fracción de tiempo laten
Lo que sé es que laten tan fuertes y tan seguidos,
como el herrero forjando el acero.
Y así me siento; como un hombre de acero con el corazón hirviendo.

—————
Ofrendas
——————-

Ofrendas para una mujer
que ha osado remover mi estirpe.
Ofrendas para la intranquila mariposa
que ha dejado caer polen sobre este
sísmico terreno.

Mirra o fragancia de los cuatro elementos:
la que mejor resalte su aroma epidérmico;
Arco iris o Luna llena:
el que mejor contraste con sus ojos.
Seda o manto de estrellas:
el que menos resistencia ofrezca a mis manos acariciando su piel
Corales o brisa del mar:
el que menos acomode su cabello.

Mi corazón o mi vida:
lo que más ella anhele;
Mis palabras o mi voz:
lo que más tormentos le rememoren;
Mi estatura o mis extremidades:
la que más le abriguen;
Mis besos, o mis miradas, o mis abrazos, o mis deseos de protegerla,
o mis sueños, o mis propios ángeles:
no los deseo, urge ponerlos todos a su disposición.
 

———-
Diálogo
—————-

Mis libros preguntan:
¿en quién piensas, qué tus ideas divagan?
Respondo intranquilo:
En la piel nevada de unas manos amadas.

Mis libros preguntan:
¿qué observas tras la ventana, qué tus pupilas se oscurecen?
Respondo apesadumbrado:
Es la noche, la Luna, aquel Lucero;
Y la poca luz que percibo
Al recordar mi anhelo.

Tu anhelo se distancia
Como aquel Lucero.
Tu anhelo,
Tras ese respiro sofocado
Demuestran temor.
Temor de no poder besar más
La piel nevada.

Qué saben ustedes,
Cúmulos de hojas de papel.
Qué conocen ustedes del temor
Si no pueden sentir
El tacto de un lector.

Tu mirada al teléfono,
Implorando por la llamada que tus labios esperan.
Tu caminar de cazador fiero,
Acechando a la única presa que tu corazón desea.
Tu vivir malherido,
Esperando alguna dosis del irrepetible antídoto
Que tu virilidad conoce.
No sabemos nada, estimado lector.
Pero conocemos tu temor.

Tu ocupada faena laboral,
Escondiendo los deseos de huir al encuentro de la piel nevada.
Tus aguerridos ejercicios físicos,
Tratando de sofocar la adrenalina que sus piernas provocan.
Tus estudios científicos,
Esforzándose por mostrar una nueva pasión, una  nueva dedicación.
No sabemos nada, estimado lector.
Pero definitivamente, conocemos tu temor.


 

Editor

Editor

Cifuentes, Villa Clara,1985. Coordinador de la Red Social Haciendo Almas

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 × 1 =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.