El globo viajero, por Marié Rojas (09-01-09)

Cuento de Marié Rojas, -desde el corazón-.

globo     Era un globo color rosa, entre muchos globos de colores en las manos de un vendedor, en medio de una plaza. Los niños acudían con sus padres, o solos, portando moneditas, y se iban llevando a sus hermanos. Pero el globo no se resignaba a servir de pasatiempo, sabía de su vida breve y quería disfrutarla conociendo el mundo, así que aprovechó la primera ocasión en que el vendedor aflojó un poco el mazo y se escapó, elevándose grácil sobre la plaza, las cabezas de los transeúntes y los tejados.

         Un niño lo vio partir y le silbó, diciéndole adiós. El vendedor apenas lamentó su pérdida, todos los días se le reventaba alguno. Al final todos lo olvidaron, era sólo un globo más.

         El globo viajó a través de las horas, conoció las nubes y las crestas rizadas de las olas, supo de montañas tan altas que la nieve no escapa nunca de ellas… y finalmente descendió a una pequeña aldea perdida en un rincón del planeta.

         Todas las ventanas estaban cerradas menos una. Allí fue, curioso, a asomarse. Un niño muy enfermo había querido ver la aurora, la madre, que no sabía negársele, le había permitido dormir con la ventana abierta a pesar de los cambios de temperatura.

         Al ver el globo asomado a su ventana, balanceándose travieso, sonrió.

–    No eres mariposa, ni ave, porque no tienes alas, pero aún así vuelas – dijo el niño, que jamás había visto un globo -, no eres una flor viajera, porque no tienes corola, pero aún así te adornas del más bello de los colores. ¿Quién eres y por qué has venido a mi ventana?

         El globo no podía hablar, pero se mantuvo oscilando en su sitio, mostrándole la visión del mundo a través de su transparencia, el mejor obsequio que sabía dar. Era su primer amanecer en libertad, la hora más hermosa del mundo, y todos los niños merecen un regalo.

         Los rayos del sol naciente comenzaron a calentar, el globo, húmedo de rocío, no resistió el impacto y estalló en mil pedazos.

         El niño cerró los ojos, feliz, creyendo que había visto un ángel.


Marié Rojas
Dibujo: Ray Respall


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Editor

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Cifuentes, Villa Clara,1985. Coordinador de la Red Social Haciendo Almas

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