tres poemas de iskra, invierno 2008 (12-12-08)

Algunos poemas míos, que desean ser leídos en este invierno.

Feliz año nuevo, desde el corazón

iskra 

 

madrugada fría

——————–

la madrugada convida al amor,

mas la soledad me invita a dormir,

el sueño, molesto, prefiere esperar,

mientras el insomnio me instiga a escribir.

 

los textos, cansados, no quieren brotar

de mis manos finas, que temen morir,

y la misma muerte no quiere aceptar

a lánguidos seres para darle fin.

 

el frío penetra cuerpos y sentidos,

el polvo se afirma en las superficies,

dos seres que pasan regalan gemidos,

y al árbol del frente le crecen raíces,

 

esta soledad, que ya es compañía,

florece entre líneas en todos mis versos,

ella me calienta si la noche es fría,

ella me cobija la almohada de besos.

 

 

trozo de pan

—————–

como un peón me sentí hoy,

sacrificable, ínfimo, extinto por defecto,

alimento, manjar o “plato fuerte”,

al gusto de una boca de mujer.

 

y no cualquier mujer,

una mujer que es campo de batalla,

insatisfecha, voraz, maligna, loca,

que no conoce la culpa sin la entrega,

la entrega sin la culpa, la dicha sin la lágrima,

saliendo de sus ojos, corriendo por su boca.

 

como un nocivo mortal me sentí hoy,

rechazado otra vez, amado nunca,

sepultado entre lánguidas cenizas,

de lo que ayer fue la chispa de dos cuerpos,

el fuego de dos almas, la tormenta,

ella en tacones, yo sobre su espalda,

a través del espejo, contemplándola.

 

mas un reclamo falso es lo que fui,

justo hoy,

en medio de sus ganas y codicias,

y al marcharme,

caminando por la calle sin destino,

el absurdo se reía:

en mi bolsillo, una jabita de nailon,

en mi mano, este trozo de pan.

 

 

soplo y gemido

——————

cuando se mira el mar desde la cima,

pudiera parecer un lago,

que rebelde y azul quiere ser escuchado,

y no se queda quieto para ahuyentar la muerte,

 

cuando se mira el mar desde la arena,

parece una llanura donde barcos y peces

cabalgan en las olas de una orilla a otra orilla,

recorriendo distancias hasta desvanecerse.

 

cuando se mira el mar desde su entraña,

sumergimos el cuerpo en el aliento del mundo,

retornamos al vientre, al silencio fecundo,

donde el mundo es ajeno salvo nuestro latido.

 

pero cuando, desnuda, besas mi boca tibia,

y entre soplo y gemido se apaga tu candil,

siento que soy el mar mientras todos lo miran,

siento que eres la tierra y me abalanzo en ti.

 

 

osemi

José Miguel R. Ortiz. Cifuentes, Villa Clara, 1985. WhatsApp +53 58298396 / Correo: z@halmas.org

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