Historia de un caballito, por Marié Rojas (12-11-08)

Hola, les mando un trabajo conjunto con mi ilustradora favorita, dedicado especialmente a los niños de «Alas de Colibrí». Cariños,

Marié Rojas

 

HISTORIA DE UN CABALLITO

cuento el caballito

Hace mucho tiempo, este planeta era un inmenso jardín, los animales convivían en paz, y bello entre los bellos era un caballito de cola multicolor, tan vanidoso que a veces mareaba de tanto caminar de un lado a otro. Claro está, aún no había llegado el primer hombre, que entró en escena mucho después, porque hay hombres más vanidosos que este caballito, pero esta historia viene de cuando los años y los días aún no tenían números, y los meses no tenían nombres, todo se limitaba a ser día, o noche… y así estaba muy bien.
cuento el caballito
Pero uno de esos días, amaneció lloviendo y no paró de llover. La Tierra se transformó en un mundo de lluvia, apenas se podía ver a dos pasos, era como si una cortina gris lo envolviera todo. Los suelos estaban encharcados, las plantas se ahogaban, porque el agua es muy buena, pero los excesos son perjudiciales; los animalitos que vivían en las ramas y en las oquedades de los árboles no se atrevían a asomarse; los que vivían en cuevas, pedían permiso a los que vivían en los árboles para pasar el chaparrón con ellos. Las ranitas, contentas al principio, no paraban de croar asustadas y estiraban su cuello para intentar ver así fuera un rayito de sol, pero el sol estaba oculto detrás de las montañas y no se atrevía a asomar la carita.

La lluvia siguió, y siguió… los ríos comenzaban a desbordarse, los peces y tortugas no estaban seguros de dónde estaba la tierra y dónde el mar o el río y nadaban desorientados de árbol en árbol. Las flores habían soltado sus raíces y estaban subidas a las ramas más altas de los viejos árboles, pero a este paso pronto no cabría nadie más allá arriba o, peor aún, la inundación sobrepasaría también este límite.
 

cuento el caballitoCon mucha dificultad, un grupo de animales logró reunirse en el mayor de los árboles. Tras lograr que todos hicieran silencio, habló el ratoncito azul, muy respetado porque había vivido más de cien años, y concluyó diciendo que alguien debía aventurarse más allá de las aguas, ir a la cima de las montañas y hablar con las nubes, para intentar convencerlas de dejar de llover.

Era una misión bien complicada, por causa de las aguas que no paraban de crecer.

No uno, sino tres valientes emisarios se presentaron dispuestos a enfrentar el peligro: el caballito de cola multicolor, un enorme cangrejo de río de color rojo, y el kiwi, que por aquel entonces lucía unas hermosísimas alas. cuento el caballito

El caballito y el kiwi subieron a lomos del cangrejo, que nadó hasta llegar a las montañas. El camino no fue fácil, llovía cada vez más, tropezaban con osos enormes que nadaban asustados en busca de un árbol para guarecerse de la tormenta, con otros animalitos desesperados intentando salvar a sus crías… y a todos les iban contando su misión, dándoles una chispita de esperanza.

Pero al llegar a la cima de las montañas, comprobaron que, si bien desde lejos las nubes parecen tocarlas, en realidad no era así, sino que había que subir un poco más, remontar el aire, y solo entonces llegarían a ellas.

El kiwi no podía cargar el peso del cangrejo y el caballito. El kiwi siempre ha sido algo pequeño y tímido, lo único sobresaliente en él eran sus alas, casi transparentes, como de encaje, cuando les daba el sol brillaban y adquirían tonos irisados… Por aquel entonces, los animales conservaban aún el mágico poder de la transformación. Así que el ave, gustosa, dio sus alas al caballito, quedando tal y como puedes verlo… Si vives en Nueva Zelanda seguro has visto algún kiwi correteando por ahí; si no, tal vez lo veas en los libros, porque es una especie protegida. Por si no lo reconoces, puedes guiarte por éste dibujo, así se ve desde aquel día.

cuento el caballitoPero aún teniendo alas, se hacía muy difícil para el caballito el ascenso a las nubes con el enorme cangrejo de río a cuestas. Decidieron entonces, el cangrejo y el caballito, perder tamaño y adelgazar para ganar ligereza… y se achicaron, cambiando de forma, hasta lograr la estatura y la forma deseada.
 
Solo quedaba de la antigua figura del caballito la bella cola de colores, a la que no iba a renunciar aunque tuviera que aletear el doble para llegar a las nubes. Con las admirables alas del kiwi pegadas a su cuerpo, se había tornado delgado y ligero, casi como una mariposa. El cangrejo ahora era pequeñito, de su grandeza solo quedaban las muelas, bastante notables aún para su cuerpo.cuento el caballito

Subió el cangrejito a lomos del caballo volador y fueron al encuentro de las nubes. Se sorprendieron al ver que no eran masas compactas, sino millones de gotitas de agua, esperando caer.

–    Por favor, amigas, ¿podrían detenerse para que el sol pueda asomarse y seque el mundo? ¿No ven que estamos en peligro de inundación total? – preguntó el cangrejito.
–    ¿Y tú? – sollozaron las gotas – ¿No ves que estamos llorando y por eso no podemos parar de caer?
–    Ay, qué falta de delicadeza, disculpen – dijo el cangrejito muy apenado -, olvidé preguntarles el motivo de su llanto…
–    ¿Quieres saber por qué lloramos? – dijeron las gotitas de agua, suspirando, como los niños cuando han llorado mucho – ¿No es evidente? ¡Todos tienen preciosos colores, excepto nosotras! Somos inodoras, insípidas, ¡pero lo peor es ser incoloras! ¡A nadie se le pudo ocurrir que nos gustaría un poquito de color!

cuento el caballitoTras esto, arreció la lluvia, las gotitas estaban inconsolables. Era una pena, porque todo en el mundo tenía color, menos ellas… ¿Cómo me sentiría yo si amaneciera sin color? ¿Cómo te sentirías tú? Pero el caballito tuvo una brillante idea.

–    ¿Me dejarían ayudarles? – les dijo.
–    ¿Podrías? – dijeron las gotitas a coro.
–    Claro – movió su bellísima cola de colores -, antes estaba muy orgulloso de mi cola, pero después de escuchar el motivo de su tristeza, ¡con gusto se las regalo con tal de verlas felices!
–    ¡Aceptamos! ¡Gracias! – gritaron las gotitas, convertidas en una lloviznita muy fina, casi imperceptible.
cuento el caballito
(Olvidé decir que el sol no se perdía una palabra, allá en su casita, detrás de las nubes y de las montañas).

El cangrejito usó sus muelas para cortar la cola del caballito, y las gotitas de agua, muy felices, la extendieron por el cielo…

cuento el caballito¡El primer arco iris acababa de nacer!

El sol se apresuró a salir, sonriente, secando la tierra, devolviendo las flores al suelo, los peces y tortugas al mar y el río, los osos a sus cuevas, las ranas a sus charcas, las ardillas y pájaros a sus árboles, los topos a sus agujeros, los leones a sus praderas, las mariposas a las flores… cada uno a su sitio.

Los tres amigos estaban muy felices: ¡habían salvado al mundo! El kiwi, si bien perdió sus bellas alas, estaba orgulloso de haber ayudado en tan difícil aventura, el cangrejo perdió tamaño, pero se sentía muy bien con su nueva figura, ahora era más ligero, y tenía sus lindas muelitas afiladas… Y el caballito, bueno, el vanidoso siempre lo es, así sea un poquito, un poco de presunción tampoco es mala, lo esencial había sido su falta de egoísmo al entregar algo tan preciado por el bien de los demás. Había dado su fastuosa cola multicolor a las gotas de lluvia, había perdido tamaño, había cambiado de forma… pero se seguía encontrando lindo: tenía las espléndidas alas del kiwi, casi transparentes, tan hermosas que sentía enormes deseos de volar.cuento el caballito

Cuando el hombre apareció sobre la tierra, esta historia estaba casi olvidada, mas, si te fijas bien, aunque el kiwi cuando nos ve corre asustado, y el cangrejo va a ocultarse en su cueva en las márgenes del río, el caballito del diablo sigue revoloteando, exhibiendo sus alitas, recordándonos que, gracias a su generosidad, se salvó un día el mundo… Y existe el arco iris.

Marié Rojas
Ilustraciones: Sarah Graziella Respall Rojas
9 años
4to grado

 

cuento el caballito FIN

osemi

José Miguel R. Ortiz. Cifuentes, Villa Clara,1985. Creador y editor de este blog desde 2006 hasta hoy. WhatsApp +53 58298396 / Correo: z@halmas.org "Hay un momento para dejar de buscar miel y convertirse en abeja"

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