Poemario -Viento- (2006)

Poemas de José Miguel Rodríguez Ortiz

viento

todos entran,
los perros, el sol, los niños.
la gente entra y sale
tan fácil como se abre una puerta,
con la diferencia
de que aquí no hay puertas,
todas son ventanas,
ventanas sin cerrojo
que solo obedecen al viento.
el viento manda
y las ventanas obedecen,
las ventanas se abren y todos entran.
adentro no hay nada
¿por qué todos desean entrar?
solo hay viento, el mismo
que maneja las ventanas a su antojo.
¿qué soy entonces?
soy el viento.

mujer

mujer, el fuerte sol de mediodía,
mujer, la tormentosa tarde de ciclón,
mujer, el pétalo de besos que respiro,
mujer amor.

mujer, la incertidumbre de lo hermoso,
mujer, la encantadora sensación,
mujer, el tiempo, la era, la vida,
mujer amor.

mujer, las lágrimas alegres,
mujer, la risa del dolor,
mujer, razón de ser del universo,
mujer amor.

inquisición

¿qué hora es mujer en tu reloj?
¿es de día o de noche allá en tu tiempo?
¿cuál es la dirección que tiene el viento?
¿existe el mar, hay olas, hay amor?

¿con qué frecuencia palpita el corazón?
¿hay corazones en la tierra donde habitas?
¿hay camas, cameras o chiquitas?
¿hay sexo amor?

¿también miran las estrellas por las noches?
¿hay lámparas o algún televisor?
¿hay ciudades con grandes edificios?
¿hay cielo amor?

¿por qué llaman paraíso a tu universo?
¿de veras nació la poesía allí?
dime mujer, ¡no te escondas en mis versos!
¿hay ternura en tu universo para mí?

tiempo

cinco relojes tengo en mi cuarto
y no sé qué hora es,
cinco relojes y me adjudico el derecho
de desconocer al tiempo.

debe ser porque hoy mi reloj eres tú,
marcando los segundos con tus ojos,
los minutos con tus besos y las horas con tu sexo,
ardiente, constante, consecutivo, armónico.

hoy que jugamos con el tiempo
como en otros días él jugó con nosotros,
esos días en que eran las cartas
quienes anunciaban los meses,
en que fuimos esclavos de la añoranza
y estuvimos a merced de sus caprichos.

por suerte y por amor, todo ha cambiado,
ya las flores del parque no esperan por ti para nacer
ni nuestros abrazos se limitan al invierno,
ahora el amor florece tanto como los abrazos
sin importar la época que vivamos.

solo me resta decirte, tiempo,
que hoy serás cómplice en lugar de amo,
serás testigo en lugar de penitenciaría,
y te irás con mis relojes para bajo la cama,
para literalmente “hacerte el amor encima”.

eco de soledades

digamos que nadie es perfecto
y escudémonos ahí,
en esa frase moribunda,
precisamente para no morir.

digamos que alguna vez
cualquiera estuvo ciego
o la luz nos cegó tanto
que solo vimos las manchas.

digamos que no hay castigo comprensible
si de amor se trata,
cuando gritamos amor
y escuchamos silencio.

entre simas y cimas

yo pudiera estar la noche entera
cabalgando sobre tu piel
y no me alcanzaría el tiempo
para recorrerla toda.
ratos corriendo, ratos trotando,
ratos caminando,
entre tantas llanuras y montañas,
entre tantas mesetas y relieves,
entre simas y cimas.

amanecería, y quizás con suerte
anduviera ya por tu boca,
cansado y agobiadamente feliz.
para entonces
llevaría conmigo tu olor a selva,
el perfume de todas tus praderas,
y estaría mojado,
de meterme en tus ríos
o en esos fantásticos parajes
de tu geografía.

yo pudiera intentar conquistarte
como un continente nuevo,
recorrerte y hacerte mía.
explorarte toda
y descubrir tus riquezas,
tus lugares más bellos y tu historia.
si fueras de este mundo
pudiera intentarlo,
pero de ti lo único real que tengo
es el olor de tu perfume cuando pasas.

apariencias

aparentas ser tranquila y rubia,
aparentas ser estudiante y ser sincera,
aparentas estar sola, estar mustia,
necesitarme aparentas de veras.
aparentas no mirarme, mas me miras,
aparentas sonreír y estar alegre.
yo aparento escribir aquí en la playa,
mas solo importas tú más que mis versos,
perdidos, desconcentrados, dispersos,
distraídos, inciertos.
ahora te distingo, aunque estás lejos,
y aparento escribir mientras te miro,
aparento ser carnal y soy divino, para ti,
aunque al menos lo aparento.
aparentamos no existir el uno al otro,
no estar aquí solo por nosotros,
lo aparentamos bien, estamos solos,
estamos locos y figuramos cuerdos.
desciende el sol y tú aparentas irte,
mas te quedas aquí junto a mi rostro,
yo aparento que me quedo y quiero irme,
tras tus pasos, murmurándote secretos.
aparento que es secreto que te quiero
y tú lo sabes, lo sé, pero aparento.
aparentan las nubes que ahora llueve,
y sale el sol allá en el horizonte.
somos solo apariencias, eso somos,
entre ropas, lenguajes y sonidos,
pero somos aún más, somos gemidos,
somos viento, somos roca, somos lodo.
somos solo lo que ven de nosotros,
lo que entienden que somos, eso somos,
y somos más, somos sal, somos todo.
somos cientos de cosas miserables,
mezquinas, ruines, viles y traidoras.
a veces somos más, somos gigantes,
somos soles que nacen con la aurora,
y alumbramos al mundo, nuestro mundo,
ese que nos rodea a todas horas.
aparentamos ser hombres y mujeres,
ser héroes o cobardes,
ser tímidos o frescos,
y somos más que eso.
aparentamos mirar, mientras sentimos,
aparentamos sentir, cuando solo miramos,
espectadores somos de uno mismo,
como si el mundo fuera un baúl de películas,
y no somos solo eso, somos rollo,
somos materia prima, somos química,
somos el celuloide, somos partículas,
somos esencia, eso somos.

pero ¿quién eres tú, niña imperfecta,
que aparentas conquistarme de momento?
¿quién eres tú? solo eres tiempo,
y ahorita corres y te esfumas,
solo es eso.

perdido

saturado estoy de tanto amor innecesario,
incomprendido por aquellos que no aman,
deshecho en minúsculos pedazos
dispersos en tu alma.

cultivando memorias insensibles,
vanos recuerdos que no me dicen nada,
dulces heridas, ocultas cicatrices,
que se cuentan por tantas.

amordazado por tu negro pelo,
encadenado a tus caderas blancas,
prisionero de abrazos y de besos,
manantiales en llamas.

no te asombres si me pierdo por entero
en tus colinas altas,
no temas si me refugio en la cárcel
que me tienden tus sábanas.

chica que pasas

¿qué ocultas?
¿qué secreto escondes detrás de ese adelanto de sonrisa
que regalas cuando pasas?
¿qué complicidad existe entre el mundo y tú,
que te hace diáfana, hermosa, mágica?
¿por qué tan relajado tu rostro?
¿por qué tanta paz en tu cuerpo?
¿por qué me hace feliz verte si no me brindas nada especial?
¿por qué recibo tanto sino me brindas nada?

¿acaso te molestan tantas preguntas?
es cierto,
¿por qué te pregunto todo esto a ti y no a otra?
¿por qué a ti y no a nadie?
¿por qué a ti y no mejor a mí,
que soy en definitiva el autor de estas interrogantes?
no sé,
verdaderamente no sé muchas cosas que quisiera saber
y quizás en ti encuentre algunas de las respuestas,
porque todo de cierta forma tiene que ver contigo,
por ejemplo:
¿por qué las ramas del árbol de la esquina
se mecen más lentamente cuando pasas?
¿por qué al niño de la mochila grande
se le cayó el helado mirándote?
¿por qué nunca te detienes frente a mi casa
a mirar alguna rosa del vecino
o anudar los cordones de tus tenis?
descúbreme tu voz y despéjame de dudas,
al menos de aquellas que conciernen
a si eres un fantasma que recorre mi acera por las tardes,
o la mujer de la que me estoy enamorando.

y si lo deseas,
olvida tantas preguntas y pedidos,
pero sucede que al verte siempre me siento algo perdido,
algo insatisfecho con el universo,
algo inconforme con el presente y a veces también triste.
no son cosas que admita a menudo,
no son cosas que ande contando por ahí,
pero tú, en cambio,
inspiras confianza,
deshaces tristezas inútiles,
eliminas cualquier estrés,
provocas los mejores deseos,
los más puros sentimientos y rehaces lo que soy,
lo que quiero,
lo que me gusta,
lo que amo,
lo que necesito.

en fin,
transformas por segundos mi concepción de la existencia.

verte es dejar de pensar por instantes, es renacer,
es percibir esencias que llegan de tu cuerpo mientras caminas
para decirme que en este injusto mundo en que nos tocó vivir,
además de las ya consabidas obligaciones,
preocupaciones, tristezas y sinsabores,
existen seres imperfectos como tú
que se asemejan demasiado a la perfección.

por eso escribo esta prosa con sabor a poema,
porque dejarte ir sería correr el riesgo
de no verte de nuevo,
y no verte de nuevo sería catastrófico,
y las catástrofes son demasiado caras,
más si tienen lugar en el alma.

deposito mi alma en estas letras,
que es como depositarlas en ti,
para que mañana,
cuando pases por la misma acera de siempre,
tengas otros motivos para no cambiar de acera,
o para arreglarte el pelo,
o pedirle una flor al vecino,
o atar los cordones de tus tenis de repente,
o morir de sed para pedir agua a mi puerta.

para que mañana cuando pases
tú también me veas,
y quizás un día cercano
me devuelvas el alma con un beso.

 

osemi

José Miguel R. Ortiz. Cifuentes, Villa Clara,1985. Creador y editor de este blog desde 2006 hasta hoy. WhatsApp +53 58298396 / Correo: z@halmas.org "Hay un momento para dejar de buscar miel y convertirse en abeja"

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